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Ratzinger: guardián de la doctrina y bastión del ala conservadora

Nacido el 16 de abril de 1927 en el poblado bávaro de Marktl am Inn, Alemania, fue durante años prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) y estaba considerado uno de los más fieles colaboradores de Juan Pablo II, al que asesoraba en cuestiones teológicas.

Nació en el seno de una familia modesta y su padre trabajaba como maestro y policía

Apodado el "Gran inquisidor", algo que -dijo- le genera "amargura", encabezará un papado que se anticipa como una continuidad de los postulados ortodoxos.

La homilía pronunciada el lunes por Ratzinger, durante la misa pro elección del pontífice , fue considerada hoy como un manifiesto papal.

De hecho, en esa oportunidad, pidió a los purpurados que eligieran a un pontífice capaz de defender la doctrina católica de las amenazas que representan, dijo, las modas "ideológicas".

Entre ellas mencionó "la dictadura del relativismo", que no reconoce nada como definitivo y deja solo al propio yo con sus "deseos", lo que para muchos "es la única actitud aceptable en los tiempos que corren".

Así es que criticó al marxismo, al liberalismo, al libertinaje, al colectivismo, al individualismo radical, al ateísmo, a las sectas y al "vago misticismo religioso".

"Gran inquisidor" es uno de los apodos que algunos le han puesto dentro de la iglesia a este hombre del Opus Dei, mientras hay quienes lo llaman "Panzerkardinal" (cardenal Panzer, en referencia al tanque del ejército nazi).

"No, no soy el gran inquisidor. Ser llamado así es algo que me amarga mucho", dijo Ratzinger en una entrevista de 1989.

Reconoció, sí, en un libro autobiográfico, su paso por la Juventud Hitleriana, a los 12 años.

Sus definiciones y sus 24 años de rigidez doctrinal preanuncian un pontificado que no abrirá el debate a temas candentes para la comunidad mundial como la anticoncepción, la profilaxis para prevenir el sida, el aborto, la clonación, fecundación asistida y eutanasia.

Además, parece previsible que la nueva era papal mantenga en la Iglesia, como lo hizo Juan Pablo II, las posiciones tradicionales sobre celibato de los curas, no comunión a los divorciados y rechazo al sacerdocio femenino.

Ratzinger es partidario de un retorno a la esencia de la liturgia, como comentó en una entrevista a la agencia ACI en 2003.

En esa oportunidad, habló de la posibilidad de retornar a la postura Versus Orientem (de cara a Oriente), el sacerdote de espaldas a los fieles durante la misa, en la que habría un retorno al latín.

"Diría que podría ayudar ya que es una tradición de los tiempos de los Apóstoles, y no es sólo una norma sino la expresión de la dimensión cósmica e histórica de la liturgia", dijo, y agregó que en la actualidad las misas en lenguas locales son "una solución", aunque el latín podría ayudar a tener la "experiencia de universalidad".

Con respecto a la Teoría de la Liberación, contra la que lucho desde su cercanía a Juan Pablo II, considera que "no se puede tampoco localizar el mal principal y únicamente en las estructuras económicas, sociales o políticas malas".

"La teoría de la liberación había intentado dar al cristianismo, cansado de los dogmas, una nueva praxis mediante la cual finalmente tendría lugar la redención. Pero esa praxis ha dejado tras de sí ruina en lugar de libertad", dijo en 1996 en Guadalajara.

"Queda el relativismo y el conformarnos con él. Pero lo que así se nos ofrece es tan vacío que las teorías relativistas buscan ayuda en la teología de la liberación, para, desde ella, poder ser llevadas a la práctica", agregó.

ANSA y AP


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