Una noche de rock sinfónico

CRITICA I GUSTAVO LABORDE

CLASICOS DE JETHRO TULL SINFONICOS

Los fanáticos uruguayos de Jethro Tull vieron su sueño realizado, al menos en parte. Este sábado se presentó en el Teatro de Verano el legendario Ian Anderson, líder absoluto de aquella mítica formación que con su música tan particular conquistó millones de fanáticos en todo el mundo que le siguen siendo fieles pese a que sus días de gloria fueron ya hace treinta años. Claro que esto se debe precisamente a que la música compuesta por Ian Anderson, por su condición de clásica, está al margen de la moda y el mercado.

Previo a este concierto se planteaban algunas dudas. No se trataba de un recital de Jethro Tull, sino de Ian Anderson acompañado por un grupo de sesionistas, a los que se sumaba, además, la Filarmónica de Montevideo. Había una duda razonable que sólo despejaría el propio concierto. Para decirlo ya, el viejo Ian, con tantos años de carrera y profesión, sabe cómo hacer las cosas bien.

El concierto tuvo un marco espectacular, de público y de clima. Más de cinco mil personas se dieron cita en la noche estrellada del sábado para escuchar —por primera vez en Montevideo— la endemoniada flauta de Anderson. Tal como estaba previsto, el concierto arrancó con Eurology. En el primer tramo del concierto, Anderson estuvo arropado por la formación que lo acompaña en esta gira y que forman el guitarrista Florian Ophale, el baterista James Duncan y el bajista David Goodier, a los que se suma John O’Hara, que también se encarga del piano y el acordeón, además de dirigir a la orquesta. Sólidos y dúctiles, estos cuatro músicos acompañaron perfectamente a Anderson en temas como Calliandra Shade, Skating Away y Up The Pool. Desde el principio se notó que la intención del líder de Jethro Tull era tener todo bajo control: los años de desbordes musicales (y de los otros) pasaron hace tiempo. El sonido diáfano y el volumen moderado son apropiados tanto para el señor mayor que estaba sobre el escenario como para los muchos que estaban debajo.

La orquesta Filarmónica de Montevideo entró a escena en un tema adecuado para ello: Life Is A Long Song. El cantante no se privó de hacer de hacer chistes, y cuando subieron los músicos clásicos gritó, irónicamente: "rock and roll!!". Bajo la dirección de O’Hara, la treintena de instrumentistas uruguayos se desempeñó con solidez. La orquesta fue utilizada con inteligencia. Es que Ian Anderson y los suyos están realizando una gira en la que son apoyados por diversas orquestas locales (en Buenos Aires contaron con la Orquesta Sinfónica Nacional y la Orquesta de Cámara Mayo) que si bien reciben las partituras con la debida antelación, sólo tienen unas pocas horas de ensayo general. Previendo esto, los arreglos propuestos para la orquesta son debidamente sencillos y básicamente utilizados para acolchonar algunas canciones y enriquecerlas tímbricamente. Pero más allá de eso, los músicos de la Filarmónica estuvieron precisos y hasta sueltos, tocando en un lenguaje al que, siendo bastante ajenos, se acoplaron con perfección.

Las intervenciones más felices de la Filarmónica estuvieron en Cheap Day Return, un tema que Anderson dedicó a su padre. Contó con arreglos solistas para oboe y fagot y en las versiones que Anderson hace del Bouree de Bach y Pavanne de Fauré. En esos pasajes quedó claro por qué la música de Jethro Tull tiene la etiqueta de rock sinfónico.

Luego del intervalo llegó la segunda parte del concierto, de alguna manera la más rockera. Allí llegó, por ejemplo, la hermosa canción Living in The Past y la versión de la Pavane de Fauré ("este tipo murió hace años, por suerte para mí, que no le tengo que pagar derechos de autor", bromeó Anderson). También vino un tema muy esperado: Aqualung. Anderson presentó una adaptación casi instrumental de este clásico de todos los tiempos, al que sin embargo muchos hubieran querido escuchar más apegado a la versión original.

Fue muy bella la interpretación de la gran canción —también del álbum Aqualung: My God, con su sugerente introducción de piano. Pero el rock and roll vino al final, con Locomotive Breath, donde el joven y blondo guitarrista Florian Ophale hizo que no se extrañara a Martin Barre.

Pese a que su garganta perdió algo de brillo y caudal, Anderson hizo su gran show desplegando toda su gestualidad y su académica pronunciación, tocando sus flautas con ese sonido que sólo él les logra arrancar, parado en una sola pierna como un trovador díscolo, o tocando una pequeña guitarra de sonidos atávicos. Un concierto que cumplió ampliamente con las expectativas.

Músicos. Ian Anderson, Florian Ophale,

James Duncan, David Goodier, John

O’Hara y Filarmónica de Montevideo.

Lugar. Teatro de Verano.

Fecha. 16 de abril.

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