En China reclaman ruptura con Taiwan

PEKIN

El sucesor de Juan Pablo II tendrá ante sí el reto de hacer realidad el sueño que el pontífice polaco nunca pudo cumplir: visitar China. No será fácil.

Aunque Pekín ha ofrecido su pésame por la muerte del Papa y ha manifestado su disponibilidad a mejorar las relaciones con la Santa Sede, ha recordado que existen dos condiciones imprescindibles para ello, como ayer recogió la prensa oficial: "que el Vaticano ponga fin a las relaciones diplomáticas con Taiwan, y que prometa que no interferirá en los asuntos internos chinos"; es decir, que renuncie a tener la autoridad sobre el Catolicismo en el país, algo que Roma considera inaceptable.

China rompió los contactos diplomáticos con el Vaticano en 1951, dos años después de la creación de la República Popular por los comunistas de Mao Zedong. En los años que siguieron, los católicos fueron acusados de ‘contrarrevolucionarios’ y muchos obispos, sacerdotes y seguidores fueron encarcelados.

Pekín sólo permite el culto en los templos aprobados por el Partido Comunista Chino (PCCh), lo que fuerza a millones de fieles que siguen a Roma a profesar su fe a escondidas. Muchos sacerdotes son detenidos por negarse a unirse a la Iglesia oficial. Los católicos chinos están divididos en dos iglesias: la oficial, agrupada bajo la Asociación Católica Patriótica, que está bajo el mandato del PCCh, y la denominada clandestina.

Tras el fracaso de las negociaciones que mantuvieron en los años 90, el Gobierno chino nombró a siete obispos sin el beneplácito de la Santa Sede en 2000. Ese mismo año, en octubre, el Vaticano canonizó a 120 mártires chinos, lo que provocó las iras de Pekín. En 2001, Juan Pablo II —que durante su mandato ordenó obispos para la Iglesia en China en secreto— hizo un movimiento conciliador al disculparse por los errores cometidos por algunos misioneros católicos durante la época colonial. Pero no hubo más avances.

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