CIUDAD DEL VATICANO
La moral, en concreto la familiar y sexual, ha sido el argumento central de las más encendidas polémicas dentro y fuera de la Iglesia católica durante el pontificado de Juan Pablo II.
Wojtyla no fue el primero en tratar en sus discursos y escritos los temas más polémicos de la moral católica, ya que en este sentido destaca el impacto que tuvo en la década de los años 60 la encíclica "Humanae vitae" de Pablo VI, que tuvo una gran repercusión en la opinión pública, sobre todo por su condena del uso de la píldora anticonceptiva.
Pero con Juan Pablo II se unieron en el campo de la moral, así como en otros, dos aspectos inéditos de pontificado.
Por un lado, su modo original de comunicarse con la gente, a través de sus viajes y el uso constante de los medios de comunicación, en particular la televisión, que dieron gran difusión a sus ideas e hicieron de él un gran seductor de masas.
Resalta su insistencia en cuestiones como el aborto y la eutanasia, siempre presente en sus viajes apostólicos, en sus encíclicas y en las numerosas alocuciones a los fieles, así como en las pautas que marcó a las Iglesias locales.
DEFENSA DE LA VIDA. En 25 años de papado, Juan Pablo II hizo de la vida y de la defensa de la vida el derecho humano esencial, por encima de otros, hasta el punto de dedicarle una encíclica: la "Evangelium vitae" ("El Evangelio de la vida", 1995) que junto a la "Veritatis splendor" ("El esplendor de la verdad", 1993) condensa sus principios en el campo de la moral.
Para Juan Pablo II es inconcebible un mundo en el que el hombre dé la espalda a Dios, al espíritu y a sus mandamientos, ya que si lo hace, acaba traicionándose y aniquilándose como ser humano.
La sociedad actual, por su parte, está muy marcada por el individualismo y la sed de libertad heredados de la Ilustración, que si bien acepta la hipótesis de Dios, sólo lo hace en la esfera de la conciencia individual.
ABORTO Y EUTANASIA. En el mundo católico hallaron eco cuestiones como el aborto y la eutanasia, pero no así los métodos anticonceptivos y el divorcio, entre otros asuntos relacionados con la moral familiar.
Una comisión eclesiástica elegida por Pablo VI para tratar el control de la natalidad se mostró favorable a la utilización, en algunas circunstancias, de algún método anticonceptivo, pero al final se impuso la doctrina tradicional que sólo admite los medios naturales.
En un consistorio de cardenales celebrado en 1991, el Papa consiguió la unanimidad en la condena del aborto y de los métodos anticonceptivos abortivos.
Se mostró contrario a las parejas de hecho y de homosexuales y a que puedan ser equiparadas al matrimonio tradicional, formado entre una hombre y una mujer, que dan vida la familia, a la que siempre llamó "célula básica de la sociedad".
En los últimos años combatió, sin lograrlo, para que la Constitución Europa incluyera referencias a las raíces cristianas del viejo continente, afirmando que sin el Cristianismo no se entiende Europa. EFE