"Hubo límites y transpiramos gotas de agua hirviendo como para tomar mate"

| En Salto la plata no desaparece; jugamos más tranquilos y fuimos muy profesionales".

CARLOS MONTAÑO

Leonardo Vacca a los 27 años se consolidó por sus cualidades en el armado y la decisión que exhibió en la ejecución en pasajes cruciales.

El base suplente del Cordón campeón en el Federal 2002-2003 creció. Asumió con capacidad y eficacia el protagonismo que le dio el técnico Javier Espíndola en Salto Uruguay, luego de elegirlo en el "Draft" de jugadores.

—Aún están afónicos.

—Festejamos todo el fin de semana. Fue algo impresionante. Alcanzamos el título más codiciado por todos los equipos por cómo se dio la Liga. Los cambios de reglamentación, el "draft", las historias que hubo de por medio, la cantidad de sponsors y la manera en que se vivieron las finales le otorgaron un marco espectacular al torneo. Hace once años que actúo en primera división y nunca vi un certamen que generara tanta expectativa. Recuerdo Federales con muchos intereses en el entorno, quizá con otro nivel, pero eso no hace al caso.

Antes, como la pugna se cincunscribía a la capital, había equipos que se sobraban. El talento estaba concentrado en pocos cuadros. En la temporada que terminó se creó una apertura y se distribuyron los jugadores en diecisiete instituciones.

Integré el equipo de Cordón, Campeón Federal de 2001. Tenía un cuadrazo. La apuesta era traer a un extranjero sobre el fin del campeonato. Ponían la plata de todo el año para la ficha foránea y te mataban. Eso hoy no ocurre. Nadie se arriesga a no incorporar a un extranjero. El objetivo es hacer un buen Torneo Clasificatorio y después reforzarse para el "Apertura" y el "Clausura".

Con el "Gusano" Fernando Alvarez tuvimos la suerte de que Salto Uruguay nos eligiera en el "draft". Nos integramos a un plantel de gran categoría. Otros conjuntos se potenciaron muy bien. Usted y los que están en esto, saben cuánto puede valer Leonardo Vacca y cuánto un Juliano Rivera, un Pablo Clérici, un Mauro Tornaría o un Gastón Triver. Los demás pusieron mucha plata. Otra señal del interés altísimo que despertó el campeonato.

—Su cotización aumentó tras la labor que le cupo.

—No es algo que deba decir uno, pero supongo que sí. En Salto Uruguay confirmé las aptitudes por las que me trajeron. Incidió la tranquilidad. En Salto entrenamos y jugamos sabiendo que en el triunfo o en la derrota se le cumple al jugador. La plata no desaparece.

—¿Qué otras diferencias encontró?

—Que aquí hay dedicación absoluta al básquetbol. A diario, te levantás, desayunás y entrenás. Luego almorzás, te reponés, tomás la leche, vas a hacer pesas y a practicar. Es la vida del buen profesional. El plantel se sacrificó enormemente. Practicando al mediodía, con cuarenta grados. Le juró que transpiramos gotas de agua hirviendo como para tomar mate.

—¿Les pusieron bien los límites?

—Sí. A poco de incorporarme a este club, comprobé que la organización era muy buena y estaba bien focalizada la función de cada uno. Los jugadores entrenamos duro, pero tampoco vivíamos encerrados porque eso termina haciéndote mal. A veces salíamos. Había conciencia. Si perdíamos un partido, algunos jugadores en su día libre iban al gimnasio a tirar. Aprovechamos todo. Esa fue una virtud de un grupo muy unido y profesional en todos los sentidos.

—Ratificó con más protagonismo su eficacia en momentos clave y el sello de verdugo.

—Me dieron la chance de hacerlo y creo que respondí bien. Está en uno tener la virtud de darse cuenta de que solamente entrenando en serio mejorás o conservás el nivel. El apoyo de mis compañeros fue importante. En los encuentros que jugué mal, reconocí mis errores y nadie me señaló con el dedo índice. Después de un contraste se propiciaba el ambiente para que te recuperaras rápido.

—Clubes de la capital del país pedirían cambios en la forma de disputa para que en la próxima temporada se enfrenten en la final, un equipo de Montevideo contra uno del interior. ¿Cómo lo toma?

—Si esa propuesta tuviese andamiento se le haría un gran mal al basquetbol, a la integración y al espíritu de Liga Nacional. Somos un país muy chico. Si nos seguimos abriendo van a aparecer valores nuevos, como surgieron recientemente. Por ejemplo, Francisco Elicegui y Sebastián Izaguirre. En la definición tienen que estar los mejores. No importa si son de Salto, Paysandú, Fray Bentos o Pando. Si mañana, por ejemplo, le toca a Trouville y a Aguada, bienvenido sea, pero que la organización transite para unir y no para marcar territorios y diferencias. El proceso es largo y empezó muy bien. No lo cortemos por ambiciones personales.

Viejo verdugo En 2003 mató a Defensor.

Hay un antecedente que le dio a Leonardo Vacca la patente de verdugo partidos del alto riesgo, como en el segundo de la serie final que Salto Uruguay disputó ante Paysandú; el base definió el encuentro con un triple.

En el Torneo Federal de la temporada 2002-2003 se consagró campeón defendiendo a Cordón. Era suplente y alcanzó una importancia superlativa en el quinto y decisivo partido de semifinales que jugaron los albicelestes y Defensor Sporting. Una corrida espectacular de Vacca, que anotó en bandeja un doble en el segundo culminante, le dio a Cordón la clasificación a las finales.

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