CARLOS MONTAÑO
Como para no ser un equipo sereno y determinado en las instancias más señaladas.
Hubo un factor altamente positivo en la consagración de Salto Uruguay. Mantenido en reserva y sagrado para los protagonistas del logro.
Los jugadores de Salto Uruguay tuvieron continuamente a su lado a un maestro "Sensei" (como si se tratase de un sabio de la cultura oriental), título homologado por los basquetbolistas que le dieron crédito absoluto a ese hombre por sus enseñanzas y sesudos comentarios. Esos que enriquecieron al núcleo, merced a las características que adornan su personalidad y a la vasta experiencia que posee.
El personaje de esta historia real y no hecha o puesta al consumo del público, tiene como autor y actor a Atilio Lima.
A los 35 años, sigue igual. Es el mismo base flaco, espigado, que jugó y se destacó en las décadas del ochenta y noventa en Stockolmo.
De raíz salteña, formó parte del plantel campeón de la Liga Uruguaya. Dio una gran mano en varios encuentros. De los veintidós finalistas, es el único que cumple otra labor. Trabaja en una empresa de suministro de gas.
Fue un ejemplo. Fortaleció los lazos de la solidaridad. Sus compañeros pusieron énfasis en que ese "título honorable", Lima se lo adjudicó porque impuso respeto y se transformó en la imagen de la liberación para ellos. Destacan sus virtudes como docente. En los momentos más difíciles del campeonato, no dejó que ninguno bajara la cabeza.
Tuvo la humildad de practicar con todo y colaborar con los que precisaban ejercitar más los tiros al cesto. Les alcanzaba la pelota, asumiendo el papel que habitualmente se pelean por hacer los pibes con tal de estar cerca de sus ídolos.
Cuentan que a Pablo Morales lo ayudó notablemente en el gimnasio, especialmente a cambiar la cabeza, a encarar los desafíos con mayor claridad y criterio. Lima fue un héroe anónimo.
Ni "Bicho" raro ni molesto
Quienes recibieron en Salto hace nueve meses a la mayoría de los jugadores del campeón, se llevaron la mayor sorpresa con Luis Silveira.
En la ciudad había mentas que cruzaron sin filtros la frontera de Montevideo y proponían todo tipo de críticas hacia el ayuda base.
Comentaron que el laureado basquetbolista era un engreído, un tipo difícil para tratar por su supuesto carácter fuerte.
A los pocos días de llegar Silveira a la ciudad litoraleña, el personal del hotel donde vivió el jugador y otros integrantes del plantel se miraban unos a otros descolocados por la manera de actuar del deportista. En el hotel, gratificados, se dieron cuenta de que los pelos y señales que les habían dado sobre el basquetbolista, no tenían veracidad.
Con el tiempo, se ganó la fraternidad, el respeto y el reconocimiento por su entrega, efusividad y sencillez en el trato con los demás, sin distinguir situaciones o jerarquías de los interlocutores.
No era un "Bicho" raro o molesto. El que fue a jugar a Salto Uruguay fue el "Bicho" Silveira, reverenciado por los hinchas del equipo al cual él defiende y odiado en grado sumo por los parciales de los clubes contrarios, acaso porque advierten en el "Bicho" una amenaza a sus pretensiones de triunfo.
Enloquecieron con su forma de ser
BROMISTAS
La mayoría de los jugadores de Salto Uruguay son tranquilos. Atilio Lima fue el más bromista, secundado por Silveira.
TERRIBLES
A la luz pública parecen muy tímidos y circunspectos. Pero en la intimidad del plantel, Bertolini y Fernando Alvarez se ganaron el mote de "Los Insoportables".
QUISQUILLOSO
Arreglar la habitación de Pablo Morales se transformó en una pesadilla. Cuando se pasaba la aspiradora en la moquette, el alero se ponía quisquilloso.
VACIO
Al personal del hotel "El Dorado" le venían accesos de llanto de sólo pensar que en pocos días los jugadores no iban estar más.