Compromiso social

Hace tiempo, podríamos hablar de décadas, siglos o milenios según tomemos en cuenta o no la actual interpretación teórica y académica del tema, la responsabilidad social en las empresas humanas se practica, manifiesta y produce resultados que enriquecen el desarrollo integral de la humanidad. La enseñanza del proverbio chino, en que el anciano trasmite al niño hambriento el arte de pescar en lugar de regalarle el pescado, las reseñas bíblicas del Antiguo Testamento y las enseñanzas de Jesús relatadas en los evangelios, el Plan Marshall pos II Guerra Mundial, y el cambio de actitud de las empresas japonesas en las décadas del ’70 y el ’80 con sus empleados tienen mucho que ver con ello. Tanto a nivel individual, como grupal o nacional e internacional.

Hoy en día esta responsabilidad social ha tenido un empuje importante basado en la realidad y la academia —ambas se nutren entre sí—, y ello se trasunta, por ejemplo, en el cambio de paradigma de los bancos de promoción y desarrollo —el BID y el Banco Mundial entre otros— en los cuales la "agenda social" impregna la economía y se impone como ideal y praxis a seguir. Y lo mismo vemos, cada día más, en el empresariado, nacional e internacional, público, privado o de las ONGs.

La responsabilidad social empresarial (RSE) es un paso adelante en el desarrollo de las relaciones humanas, cuando la actualidad está signada por la desbordante información disponible, la inmediatez en la capacidad de comunicarnos y la revalorización de lo local como algo propio que debemos defender y promover en el mundo global. Es la denominada "globalización" de algunos analistas sociales.

A nivel de las empresas —y los empresarios— el tema se viene desarrollando, tanto en la teoría y las propuestas como en la praxis y los resultados. La denominación "Responsabilidad Social Empresarial" abarca apenas una pequeña punta de algo más grande, es un iceberg. Es también Solidaridad, Etica, Bien Común, Justicia, Ciudadanía, Convivencia y Conveniencia. Es, en suma, el deber ser, el querer ser y el poder ser, tanto de los empresarios como del común de los ciudadanos, que, en última instancia, todos somos empresarios en el sentido de compromiso vital con la familia, la nación y la humanidad.

En los últimos años hemos visto varios ejemplos de empresas nacionales y extranjeras radicadas en el país que comienzan a recorrer el camino de la RSE, y que esos ejemplos se reproducen, desarrollan y mejoran la realidad de la comunidad sobre la que operan.

La RSE puede ser analizada desde diversas perspectivas, entre otras las sociales, espaciales, temporales y económicas. En cuanto a las sociales, ellas implican todas las relaciones que una empresa tiene, con los directivos, trabajadores, proveedores, distribuidores, clientes, la comunidad donde está instalada, los diferentes organismos del Estado con que se relaciona, las asociaciones gremiales o sindicales, el mundo de la economía y las finanzas, la investigación, la cultura, y el deporte, por mencionar algunas y olvidar otras.

En la dimensión espacial, aparte de la vinculación concreta de su ubicación geográfica —calle, barrio, Departamento— también debemos incluir todo lo que la rodea, que es el medio ambiente, de lo micro a lo macro biológico, químico y físico, la eco-etología, la salud y el bienestar entre otras. También la estética.

En la perspectiva temporal, está la historia de la empresa, las acciones presentes, pero sobre todo, su futuro, el cómo planificará su quehacer en función de integrar un mundo mejor. Aquí vale la máxima de Hipócrates, primum non nocere, o, antes que nada, no dañar. Y luego, por supuesto, hacer el bien.

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