La timidez se hundió en el río

Al ver a Carlos Diogo en la entrevista que le hizo Fox Sports al final del partido que River le ganó a Banfield por 1 a 0, me sorprendió lo mucho que había cambiado en tan solo dos semanas. Un cambio que no era sólo futbolístico. Porque los uruguayos, que teníamos claro hace rato que Diogo es un buen jugador, lo vimos debutar con la camiseta de River transformado en otro. Y también fue otro el que habló con los periodistas argentinos. Se mostró seguro, con otra facilidad de palabra y pareció haber dejado olvidada su timidez al cruzar el Río de la Plata.

Hay que creer o reventar. Argentina es otro mundo y eso influye. Ese país tan parecido al nuestro, pero tan distinto al mismo tiempo, fue capaz de cambiar al lateral, como con una varita mágica. ¿O será que el muchacho tenía todo eso escondido y en Buenos Aires encontró terreno fértil para mostrarlo?

Buscando respuestas, surgió la conversación con la persona que más lo conoce en el mundo: su madre, Marita, había llegado ayer mismo de Buenos Aires junto a su esposo Víctor. Maestra de profesión, había aprovechado para ir a visitarlo antes de comenzar a trabajar y, ya de paso, ayudarlo a montar su nuevo hogar en un noveno piso del barrio de Belgrano. "Allá se siente en lo de él. Se siente muy cómodo dentro de la cancha. Es como dice mi marido, acá en Uruguay los jugadores no marcan, se desgastan. Además, cayó muy bien en el grupo. Los compañeros lo llevan, lo traen, lo pasan a buscar. Todo eso influye". Después de contar que ya lo conocen en la calle y que les dijeron que hacía mucho tiempo que el grito de "¡u-ru-gua-yo!" no se escuchaba de esa forma en el Monumental, Marita confió algo que afirma hace tiempo: "Va a ser mejor que el padre. Tiene otro juego, más vistoso, que atrapa más. Aunque para mí siempre va a ser mi bebote, es un jugador moderno".

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