Hay algo paradojal entre la publicidad de Descubriendo el país de nunca jamás, que insiste en que es un tratamiento libre de la historia de la creación de Peter Pan y el resultado de la película misma, que no es sino una de más finas evocaciones que ha dado el cine sobre un acto de creación, en este caso literaria. Concretamente sobre las circunstancias, la experiencia personal, los estímulos que llevaron al escritor James Barrie a inventar Peter Pan en l904. Todo eso se conoce muy bien, y el director Mark Foster y su guionista David Magee adaptando una obra de teatro original de Allan Knee (El hombre que fue Peter Pan) no han hecho más —y nada menos— que reflejarlo con el mismo punto de fantasía y de calidez que generó esa célebre obrita para niños hace cien años.
Hay algunas variantes, más que lícitas, sobre los hechos históricos, en este caso íntimos, que inspiraron a Barrie esa creación, pero lo esencial está deliciosamente contado, con un pie en la historia de Barrie y otro en la fantasía. Del propio Barrie, pero interpretada por Forster con extrema fidelidad y no menor delicadeza. Apoyado por sus excelentes colaboradores en todos los fragmentos visuales, que deben cubrir un tercio de la película, y por el "duende" —que diría Lorca— del singular Johnny Depp.
Habría que remontarse nada menos que a la Frida de Leduc para encontrar un antecedente tan inspirado en eso de bucear en lo que justamente se llama inspiración, la del artista. Barrie, en su medida, también lo fue.
Forster condensa un poco los tiempos, fusionando el fracaso matrimonial de Barrie que la generalmente pacata Enciclopedia Británica califica de "no consumado" con el encuentro con una viuda y sus cuatro hijos huérfanos, que le inspiran Peter Pan. Y luego haciendo coincidir el estreno de la obra con la agonía final de la viuda. En la realidad, Barrie fue amigo del padre difunto, lo que hubiera generado una complejidad extra de la que Forster prefirió desentenderse. Y que le permite hacer de su Barrie-Depp ese niño grande y perplejo que se encuentra a sus anchas entre niños y es por lo menos un vacilante ante las mujeres.
El encuentro con la viuda y los niños apenas empezada la película se rompe ya con la primera fantasía, una escena lúdica de juego en el parque que marca los dos caminos por los que marcha la película: la alternancia gozosamente libre del Barrie de la realidad y el de la fantasía, que se van a fundir al final, o lo que yo creo que debió ser el final: la muerte de la viuda en el mundo de Peter Pan. Luego hay un epílogo, que me temo sea reiterativo y con un exceso de pedal en lo sentimental, del que Depp no parece darse por enterado. Pero la verdad es que el tema de la muerte es como un continuo que sostiene toda la alegría aparente de la película, mejor diríamos el "allegretto". Hay recuerdos de muerte, la experiencia de una muerte reciente (nada menos que el padre de los cuatro niños), la amenaza de que sea no sólo mortal, sino próximo el fin de la protagonista femenina (la madre), la desaparición de un viejo admirador que no ha llegado a asistir al estreno de Peter Pan. Sería injusto terminar esta nota sin señalar la excelencia de la dirección artística, con unos efectos especiales que no parecen nunca tales y una música encantadora en su más profundo significado.
Y sin destacar a Kate Winslet, a Dustin Hoffman, a Radha Mitchell (la esposa de Barrie) y sobre todo a Julie Christie, tan fieramente enfrentada con el enigmático poeta que hace Depp.
critica | ANTONIO LARRETA
DESCUBRIENDO EL PAIS DE NUNCA JAMAS
Finding Neverland
Director. Marc Forster.
Libreto. David Magee sobre la pieza teatral "The Man Who Was Peter Pan" de Allan Knee.
Fotografía. Roberto Schaefer.
Dirección artística. Peter Russell.
Música. Jan Kaczmarek.
Elenco. Johnny Depp, Kate Winslet, Julie Christie, Radha Mitchell, Dustin Hoffman, Freddie Highmore, Joe Propero, Nick Roud, Luke Spill, Ian Hart.
l Estados Unidos 2004.