Desafío

Al transitar por la rambla de Canelones uno se pregunta cómo es posible que se encuentre en estado tan deplorable. Es una vía que permite evitar las dificultades del tránsito de la Avda. Giannattasio y que da rápido acceso a los balnearios que se extienden hasta el arroyo Pando. No existe señalización; el pavimento apenas se pasa el arroyo Carrasco está en pésimo estado y la iluminación brilla por su ausencia. Es un ejemplo más de lo que los vecinos de Canelones sufren diariamente. Refleja la mala gestión de las administraciones que no han encontrado soluciones para atender las necesidades de los vecinos, quienes no reciben los servicios que el municipio está obligado a suministrarles.

Todo ello nos hacía pensar en como, frecuentemente, los gobiernos —sea el nacional o los departamentales— terminan por ser presos de lo cotidiano y pierden de vista sus obligaciones. Muchas veces la rutina los gana y desaparece el impulso por hacer y por solucionar los problemas y dificultades de la población; cuando no se opta por llevar adelante obras y acciones que atraen por lo moderno y novedoso pero que los apartan del cumplimiento de sus primarias obligaciones.

Ese estado de cosas no es exclusivo del departamento de Canelones.

Siguiendo con lo municipal, afirmábamos días atrás que en Montevideo recién se señalizaron las peligrosas curvas de la Rambla. Cinco años de gestión pasaron para que a alguien se le ocurriera que sería prudente hacer algo al respecto. Así, podríamos seguir con otros ejemplos. Un jerarca comunal, que pronto lo será del Poder Ejecutivo, decía que no puede aceptarse que los asentamientos sigan prosperando.

Sostuvimos durante años que era necesario detener la ocupación ilegal de tierras. En ocasiones se nos acusó por ello de insensibles y de ser malas personas. La realidad es que hoy en Montevideo los asentamientos son un problema muy grave cuya resolución implicará más esfuerzo que si se hubiera intentado pararlos en su momento. El jerarca decía que se buscaran soluciones por el lado de ocupar barrios de la Ciudad que se han vaciado de habitantes. ¡Vaya novedad! ¿Recién se dan cuenta? ¿Que hizo la Intendencia de Montevideo durante estos años?

Estos son nada más que ejemplos puntuales de cómo por inercia, desidia o directamente mala intención se deja que los problemas permanezcan durante años sin adecuada solución; situación que no es patrimonio exclusivo de algunos gobiernos departamentales, sino que desgraciadamente esto también sucede en el plano nacional.

La primera administración del Partido Colorado cumplió una tarea muy positiva desde el punto de vista institucional y pudo culminar con éxito el período de transición con la invalorable colaboración del Partido Nacional. Cuando les llegó el turno, los blancos se dedicaron a enfrentar y solucionar los asuntos que el país durante décadas había postergado. Se tenía presente que en sesenta meses había que hacer mucha cosas, y esa convicción de la urgencia y de la responsabilidad imprimieron un sentimiento de urgencia que se extendió hasta el último día.

Posteriormente el impulso se frenó y se fue languideciendo en un "ir tirando" que motivó que la población se fuera desencantando de gobiernos que parecían cada vez más lejanos del sentir ciudadano; sentimiento abonado y aprovechado por la "máquina de impedir y de criticar" de la izquierda.

Los blancos, injustamente, también hemos sido acreedores de esa percepción que muchos ciudadanos mantienen de los últimos gobiernos y así hemos experimentado cómo muchos compañeros abandonaron nuestras filas.

En tal sentido, reconstruir nuestra relación con la ciudadanía es uno de los desafíos que tenemos por delante. La futura victoria del nacionalismo no será el resultado de acciones individuales y efectistas sino la consecuencia de que el Partido establezca una nueva vinculación con los ciudadanos, para que estos perciban que el Partido Nacional es quien más fielmente interpreta sus más profundos sentimientos, ilusiones y esperanzas.

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