El terrible incendio desatado en el balneario "La Esmeralda" del departamento de Rocha, es el corolario lógico de lo que ha estado ocurriendo en los últimos días. Hemos sido testigos de que jornada tras jornada, los bomberos han tenido que salir a luchar contra decenas de focos ígneos desencadenados por negligencia humana. Jornada tras jornada, fue detenido un promedio de diez personas por día, en razón de haber violado las normas sobre encendido de fuegos.
Más de 150 hectáreas ya han sido arrasadas por el fuego que se extiende a dos puntas, hacia la fortaleza de Santa Teresa y hacia Aguas Dulces, con lo que al día de hoy 19 de enero de 2005, ya tienen entre manos los bomberos el peor incendio forestal en lo que va de la actual temporada. Un incendio tan impresionante que se ha tenido que pedir colaboración a la Fuerza Aérea, mientras que el propio director nacional de Bomberos, Hugo Romero, dirige personalmente "in situ" las operaciones, al frente de 80 efectivos a los que se suman decenas de funcionarios policiales, empleados municipales y voluntarios.
Hace años que se advierte acerca de los elementos que pueden ser factores de inicio de incendios forestales. Hace años que se confía en que la gente habrá de tener especial cuidado en verano, sabiendo cosas como que un mero trozo de cristal puede servir de lupa que multiplique la intensidad de los rayos solares o bien que se habrá de apagar cuidadosamente todo fuego luego de haberlo encendido. Pero ahora nos encontramos con que la catástrofe de "La Esmeralda", que provoca no sólo daños ecológicos, sino materiales y hasta pone en riesgo vidas, fue desatada por alguien que dice que luego de quemar la pinocha, se retiró del sitio porque creyó que el fuego estaba apagado.
Sabemos que los recursos con que cuentan los bomberos son limitados. Que no tenemos, por ejemplo, grandes aviones cisterna que pueden dejar caer lluvias artificiales sobre las áreas en llamas. En lo que deberíamos poder confiar, entonces, a falta de esos elementos sofisticados, es en el buen criterio de la gente. Gente educada, alfabetizada, que puede leer y escuchar las advertencias para actuar de acuerdo con ellas.
Sin embargo, parece que no es así. Cientos y cientos de incendios desde que comenzó la temporada veraniega. Cientos y cientos de imprudencias. Cabe preguntarse pues, ¿dónde está la cultura uruguaya en esta encrucijada?