Se sabe desde hace años que mucha gente famosa acepta concurrir a una fiesta aunque no conozca al anfitrión, pero siempre que se le pague por ese servicio. En Estados Unidos hay agencias especializadas en organizar ese tipo de recepción, que por lo general consiste en el lanzamiento de un producto o en la presentación en sociedad de algún advenedizo con plata, que quiere rodearse de caras conocidas para prestigiar su casa o su nombre, simulando ante los demás que es amigo de esas celebridades para no quedar como un outsider. En Europa ocurre lo mismo, pero la tarifa de esa gente con nombre fulgurante, cuando exige una suma para estar presente en alguna reunión, se mide por la altura de su fama: no se salvan de dicha actividad ni Sophia Loren ni Catherine Deneuve, que hasta viajó a Punta del Este en una oportunidad para estar presente en la fiesta de un magnate.
Ahora esas cosas tan mundanas se complicaron, porque la Brigada Financiera de París ha citado a la Deneuve y a Gérard Depardieu para que declaren como testigos en un juicio contra el millonario argelino Raki Khalifa por "quiebra fraudulenta y malversación de fondos". Ocurre que ese ricachón —de antecedentes turbios, conviene agregar— había dado en octubre de 2002 un gran baile en lujosa villa de los alrededores de Cannes para promocionar el lanzamiento de su canal de televisión, que pasaría a llamarse Khalifa TV y que es justamente una de las empresas que ha caído ahora en bancarrota.
Lo interesante es que las dos estrellas del cine francés, junto con otras luminarias que también fueron a la fiesta, como la modelo Naomi Campbell y los músicos Sting y Bono (el líder de U2), deben declarar porque el fisco sospecha que "el dinero que se les pagó tuvo un origen irregular. Se trataría de dinero lavado, procedente de operaciones ilícitas". Entonces la Deneuve no tuvo más remedio que obedecer la citación y declaró ante los sabuesos de las finanzas francesas el miércoles pasado, mientras Depardieu deberá hacerlo en estos días. Como puntualizó un entendido, "la presencia de una personalidad en el lanzamiento de un nuevo producto es muy valiosa para cualquier empresa. Si esa personalidad exige un pago y la empresa lo acepta, se firma un contrato y el pago se realiza a través de abogados".
Lo malo es que a veces la empresa convocante no tiene las manos limpias y el simple hecho de asistir a una fiesta y mostrar la mejor cara a cambio de 50.000 euros (que sería la suma cobrada por Deneuve y también por Depardieu) se convierte en un dolor de cabeza, como en este caso en que el consorcio Khalifa ha caído en las garras de la Justicia luego de una indagatoria por "quiebra, abuso de bienes sociales y blanqueo de dinero", entre otros cargos. Cabe suponer que el revuelo no habrá hecho la menor gracia a profesionales como Deneuve y Depardieu, pero de pronto el episodio se convierte en una pequeña lección para que ganen lo que se les ocurra en el cine, pero en cambio no cobren por el gesto —ya fraudulento— de estar presentes en fiestas celebradas por gente que ni siquiera conocen. En el fondo, esas celebridades se merecen el mal rato.
No inventaron la pólvora, sin embargo, ya que el hábito de cobrar grandes sumas por lo que simula ser una simple invitación social o una inocente entrevista en una publicación, ha rendido buenos dividendos a muchas celebridades desde hace décadas. La lista incluye programas de televisión con conductores famosos e invitados nada gratuitos, y por cierto también comprende a la prensa del corazón, con especial énfasis en el caso de España donde muchas figuras conspicuas cobran por lo que se denomina "exclusivas", ya se trate de un casamiento, un divorcio, un nacimiento o un nuevo amantazgo. Que ese entretelón no trascienda no quiere decir que no exista. Para agergar un dato regional, Claudia Villafañe, la ex mujer de Diego Armando Maradona, cobró hace pocos meses una cifra fabulosa por aceptar una entrevista en un conocido programa de la televisión española. Lo que parecía una exclusiva periodística, no era más que una transacción comercial. Todo salió a la luz cuando la prensa del corazón argentina —frívola al extremo, por cierto, pero muy profesional e inquieta— reveló los entretelones del asunto y desnudó que Villafañe —considerada siempre un modelo de resitencia y rectitud— también sucumbió ante la tentación de los euros. Por supuesto, muchos otros casos se dieron y se van a seguir dando a espaldas del público, y del fisco.