Rehaciendo el mapa del Oriente Medio

Después de que Saddam Hussein se apoderó del vecino Kuwait en 1990, el historiador David Fromkin publicó un ensayo recordando cómo fue formado el moderno Oriente Medio. Fromkin escribió: "En 1922, Churchill tuvo éxito en trazar el mapa del Oriente Medio árabe a lo largo de líneas adecuadas para las necesidades de las administraciones civiles y militares británicas. T. E. Lawrence ("Lawrence de Arabia") posteriormente se jactaría de que él, Churchill y unos cuantos otros había diseñado el Oriente Medio en conversaciones de sobremesa. Setenta años más tarde la pregunta es si los pueblos del Medio Oriente están dispuestos o son capaces de seguir viviendo con ese diseño".

Esa misma pregunta está sobre la mesa hoy día —pero aún más insistentemente. Lo que está ocurriendo en estos momentos en Irak, Israel y Palestina es un nuevo momento Churchilliano. Los contornos y contenidos de estas regiones clave del Oriente Medio están en disputa, sólo que en esta ocasión esos contornos no están siendo rediseñados por una pluma imperial desde las alturas —y no lo estarán. En esta ocasión están adquiriendo forma por tres conflictos civiles que brotan desde abajo —entre palestinos, israelíes e iraquíes. En las palabras del teórico político israelí Yarón Ezrahi: "Tres volcanes están haciendo erupción al mismo tiempo. Lava está brotando de cada uno de ellos, y todos nosotros estamos esperando para ver cómo se enfría y qué es lo que forma".

Como el reciente tsunami, esta especie de movimiento tectónico de placas geopolíticas ocurre sólo una vez cada siglo. Este es un notable momento político que nadie debe perderse o ver que se desarrolle mal. Pero eso es lo que asusta: cuando fronteras y estados emergen de la actividad volcánica, cualquier cosa puede ocurrir. Lo que tienen en común estos tres casos es que enfrentan a fuerzas teocráticas, fascistas y mesiánicas en un lado, que aseguran estar actuando por la voluntad de Dios o en nombre de las aspiraciones primordiales de "la nación", contra mayorías más moderadas, tolerantes y democratizadoras.

Yo no creo que estos mesiánicos militantes, ya sean judíos ortodoxos opuestos al desmantelamiento de las colonias, grupos radicales que se opusieron a las elecciones palestinas o insurgentes que amenazan a los votantes en Irak puedan realmente triunfar, pero sí pueden impedir que las mayorías en cada país forjen nuevos acuerdos pragmáticos, tolerantes, de compartición del poder —y en el caso de los israelíes y los palestinos, nuevas fronteras. Sharon es el primer ministro más fuerte que Israel podría tener en estos momentos, pero incluso él está teniendo problemas para llevar a cabo esta autoamputación de la Franja de Gaza.

Los contornos del Oriente Medio en el siglo XXI están en juego aquí, tanto como lo estuvieron en 1922. Si las fuerzas pragmáticas pueden prevalecer en Israel, Irak y Palestina, establecerán ejemplos positivos que darán a otros países en la región el incentivo y la confianza para tratar de emularlos. Si los tres siguen siendo volcanes en erupción que se devoran lentamente a ellos mismos, el contrato social entre los judíos sobre el cual fue construido el estado de Israel empezará a descomponerse, e Irak y Palestina serán mostrados como Prueba A y Prueba B para defender el argumento de que, en el mundo árabe, los estados sólo pueden ser estabilizados mediante el despotismo, y nunca por la democracia.

© The New York Times News Service

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