Semanas de definiciones

Hace tiempo venimos escuchando que los gobiernos tienen tres períodos en un solo calendario de 60 meses —5 años—que dura el mandato popular. Y ellos son: a) los primeros meses, que a veces se reducen a 100 días, b) de la implementación y acción política, naturalmente influido por las circunstancias y las urgencias emergentes, que dura unos tres años y medio, y c) el electoral, que lleva casi todo el último año. Pero hay también un cuarto período, que corresponde al actual, de definiciones, organigrama y puesta a punto de los programas de gobierno, que se complementa con la designación de los jerarcas que tendrán la responsabilidad de ser sus ejecutores.

O sea que al aforismo que expresa que los primeros meses de los gobiernos marcan su impronta, podemos agregar que los meses que estamos viviendo previo a su instalación, definen su suerte. En este caso la suerte no es algo que llega "per se" ni cae del cielo, sino que se planifica, se construye y se armoniza. Nos hace acordar a un amigo, que cuando sus hijos van a dar examen, les desea suerte, y les agrega: "úsenla".

Este período fermental de planificación es vivido con expectativa por la ciudadanía y con respetuoso silencio por la mayoría de las fuerzas políticas del país, y ello no es más que otra manifestación del sentir democrático uruguayo, donde se acepta y se adhiere —mientras se pueda y deba— al veredicto de las urnas en su etapa de implementación. Luego vendrán los tiempos de ejecución, y por lo tanto de valoración, que pueden traducirse en beneplácito o crítica. Por ahora es de expectativa, esperanza y buenos deseos.

Ahora bien, han pasado dos meses de la elección, el equipo de gobierno en sus máximas jerarquías está definido, y restan dos meses para iniciar la gestión. Son las semanas de definiciones del título.

Las definiciones de hoy serán la hoja de ruta del gobierno. Ellas darán respuesta a las interrogantes que legítimamente podemos hacer en los principales aspectos de la acción gubernamental: salud, educación, seguridad, y vivienda, conducentes todos ellos al bienestar social. Dando por sentado, tal cual hasta ahora se percibe, que seguiremos en la senda enmarcada por la seriedad y la prudencia en la conducción económico-financiera.

En salud las definiciones que se hagan en las próximas 7 semanas —más los primeros meses de gestión— nos darán la pauta si van a haber cambios en las políticas, y tanto o más importante, si estos se centran en los usuarios y la comunidad o en las fuerzas corporativas profesionales y las instituciones sanitarias. Dilucidaremos si vamos a seguir en el "juego" actual, atendiendo el mercado basado en una oferta y demanda inducida y desviada de los requerimientos que marcan la demografía y la epidemiología, o si optamos por atender las reales necesidades de salud de la población, y, en función de ello, hacer operar los recursos necesarios. Estas son las primeras y principales definiciones que indicarán si estamos ante el cambio necesario, o en su defecto si vamos a cambiar "para que todo siga como está". El desafío —y la oportunidad— están, ahora restan las decisiones políticas.

Cosa similar a lo que sucede en la educación, la generación de nuevos conocimientos y su aplicación al desarrollo nacional, o, dicho en otras palabras, lo que pasa o no pasa con las políticas educativas, de investigación —científica y tecnológica— y la innovación. En suma es respondernos la pregunta de si podremos ponerle racionalidad y sentido común a un área de la vida nacional —pública y privada—que no ha logrado asumir el desafío de orientarse hacia los objetivos y resultados deseables, posibles y convenientes.

Las señales de las semanas venideras indicarán si prima la racionalidad y el interés general o la irracionalidad de atender los intereses sectoriales. Suerte, ¡y úsenla!

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