CRITICA | JORGE ABBONDANZA
Desconsoladora pero necesaria. Esta historia ambientada en Colombia (aunque filmada en Ecuador) denuncia los extremos de degradación que pueden afectar a muchachas pobres cuando el tráfico de drogas hacia Estados Unidos promete pagarles sumas capaces de encandilarlas. Lo que se les pide es oficiar como "mulas" en breves viajes a Nueva York, llevando la cocaína acondicionada en cápsulas dentro de su estómago, un riesgo que puede desembocar en tragedia si una de las cápsulas se abre accidentalmente. El caso de la protagonista comienza como un relato pueblerino cruzado por pequeñas penurias: la muchacha pierde su empleo en una empresa exportadora de rosas luego de mantener conflictos con el jefe, esa crisis agudiza sus problemas familiares y el cuadro se complica todavía más cuando descubre que está embarazada de un novio al que dejará de ver. Allí surge la alternativa del transporte de droga.
La virtud principal de la película es su tono de registro casi documental de los hechos, sin enfatizar los dramas ni calificar el desmoronamiento que supone una actividad como la de las "mulas" o la infamia de quienes las contratan. Ese mérito consiste en ordenar simplemente los sucesos, permitiendo que crezcan por acumulación en el ánimo del espectador y provocando un efecto aluvional, donde las tristezas se suman poco a poco. La habilidad debe acreditarse al libretista y director Joshua Marston, un norteamericano debutante que integra el aporte de Estados Unidos a esta co-producción en que Colombia contribuye con un numeroso elenco donde no sólo está muy bien la protagonista Catalina Sandino Moreno (otra debutante) sino envidiablemente naturales los abundantes actores a cargo de personajes secundarios y episódicos.
Aunque el tráfico de cocaína que sale de Colombia para abastecer clandestinamente a la colosal clientela estadounidense tiene amplia notoriedad, no es frecuente que el cine se ocupe de describir ese itinerario y menos que se detenga a contar las miserias de quienes transportan el producto. Al hacerlo, esta película cumple con un compromiso de denuncia y compadecimiento que en manos de Marston se alza como un testimonio por momentos desolador y a veces intensamente detallado, como ocurre con las escenas en que la protagonista debe entrenarse para tragar la carga que luego deberá evacuar para entregarla a quienes la reciben en Nueva York. Ciertas ironías surgen solas por detrás del relato y obligan a pensar que cuando se trata de reprimir el comercio de drogas, se habla de impedir la cosecha de la materia prima en su origen, pero no de investigar a fondo y combatir su enorme consumo en los lugares de destino.
La pesadumbre es el efecto que el film puede dejar en su espectador, mientras la reflexión sobre el problema surge sola —sin un solo subrayado— de los vaivenes de la historia cuya culminación es un final abierto, donde se insinúa más de un camino para esa juventud tercermundista atrapada en un negocio que hace ricos a otros. En medio de tantas recetas convencionales y aventuras efímeras que llueven sobre el cine industrial de hoy, no viene mal un caso que sabe tocar la sensibilidad y las emociones del público mostrándole una realidad de raíces profundas, implicancias múltiples y ramificaciones desoladoras.
MARIA LLENA ERES DE GRACIA
Maria Full of Grace
Director y libretista. Joshua Marston.
Productor. Paul Mezey.
Fotografía. Jim Denault.
Montaje. Anne McCabe, Lee Percy.
Diseño de producción. Mónica Marulanda, De Villa.
Música. Jacobo Lieberman, Leonardo Heiblum.
Elenco. Catalina Sandino Moreno, Yenny Paola Vega, Guilied López, Orlando Tobón, John Alex Toro, Patricia Rae, Virginia Ariza, Charles Albert Patiño.
l Estados Unidos-Colombia 2004.