Gustavo Gallinal

Puede asegurarse que su solo nombre evoca grandes momentos del Partido Nacional y del Partido Nacional Independiente.

Había comenzado su carrera parlamentaria, a los 27 años de edad, como Constituyente en 1916. Más tarde fue electo sucesivamente como Diputado por Soriano, desde 1923 a 1932. En este último año fue electo Representante por Montevideo y en 1933 como Miembro del Consejo Nacional de Administración —órgano que compartía el Poder Ejecutivo con la Presidencia de la República— ingresando al mismo junto a Ismael Cortinas y Alfredo García Morales. Cuando tanto se podía esperar de esta representación blanca, su actuación cesó casi enseguida, el 31 de marzo, cuando las Cámaras y el propio Consejo fueron disueltos.

En el lapso comprendido desde ese año hasta 1942 cuando el Nacionalismo Independiente salió de la abstención y concurrió al acto electoral del 42, Gustavo Gallinal volvió a su profesión de abogado y sin apartarse del movimiento político que había abrazado, extendió su acción en el campo literario y cultural, donde su ilustración, su inteligencia y su seguridad en lo que hacía y decía le llevaron a los más altos niveles de la intelectualidad vernácula.

En aquel año de 1942, el Nacionalismo Independiente lo ungió candidato al Senado donde en tres legislaturas consecutivas —hasta su fallecimiento del que se conmemora el 53 aniversario— volvió a demostrar su enorme capacidad y visión política.

En 1945, el gobierno del presidente Juan José de Amézaga, lo designó al frente del Ministerio de Ganadería y Agricultura, siendo acompañado en la subsecretaría por José Pedro Aramendía. Asimismo, Eduardo Rodríguez Larreta asumía en Relaciones Exteriores con Martín Aguirre como subsecretario. Dos figuras enormes del Nacionalismo Independiente, acompañadas por dos brillantes exponentes de la juventud.

Por un lado Rodríguez Larreta con su doctrina sobre paralelismo de la democracia y la paz y por otro Gallinal, presidiendo la misión comercial uruguaya que viajó a Londres a efectos de convenir los distintos procedimientos que llevaran al desbloqueo de los fondos nacionales existentes en Inglaterra, demostrando con éxito sus conocimientos y su excepcional capacidad de trabajo.

Gallinal, patriota y venerando a José Artigas, presentó en el Senado el gran proyecto por el cual se establecía la compilación y publicación de absolutamente todos los documentos que se reunieran en torno a la vida política y privada del Fundador de la Nacionalidad, hoy una realidad que según su creador iba a ser una "obra nacional en la que se reunirán los antecedentes y documentos que iluminarán la historia de Artigas y su época, constituyendo, sin duda ninguna, el más sólido e imperecedero monumento que, en la hora presente, pueda el país levantar para honrar a su héroe máximo".

Gustavo Gallinal fue hombre de hogar, que formó con doña Elena Artagaveytia, prodigando su cariño a su digna compañera y a sus hijos. Tuvo profunda fe religiosa, sentida y practicada calladamente.

El artículo de fondo de El País, a su fallecimiento, expresaba entre otros conceptos que "El pueblo —al que no aduló jamás— podrá no interpretar todo el sentido de esa vida abnegada y luminosa que concluye como una columna que se trunca. Nosotros estamos obligados a iluminar su efigie para que sus conciudadanos puedan seguir su camino. Ese es nuestro deber, porque muy pocos conocieron —como nosotros— la altiva nobleza de su existencia, unida a lo más íntimo de nuestro civismo por principios, por ideales, por amarguras, por recuerdos y por esperanzas".

Y así, la memoria del Partido Nacional, sin divisiones, le tiene presente, pues ello es plena justicia.

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