Miguel Carbajal
Tiene tanta superproducción encima que necesita jornadas enteras de poda. Los barcos sobran por centenares y con los extras que se utilizaron se podría armar una invasión en serio a cualquier país de la zona. Homero, el ciego, y de seguro el inventado, apenas contó una historia de pasiones en donde se entreveraban los dioses y los hombres, como solía suceder en la promiscua mitología griega, aunque el telón de fondo fuera una aventura militar. Respaldado en los millones de Hollywood y en los chiches de la actual tecnología, Wolfgang Petersen resolvió sacarse las ganas e imaginó lo que podía haber pasado en los alrededores del Mar Egeo en épocas de abundancia faraónica y lujo asiático. Cualquier referencia a la frugalidad de Esparta, el tono medido de los griegos y la economía insular de Troya quedó fuera de consideración. Aunque es un episodio menor, los ataques son mínimos, los enfrentamientos contados y se intuye más que se habla de los lujos de Troya, el hecho ha tenido tanto marketing a lo largo de la historia que cada tanto vuelve a la palestra como sinónimo de cine de acción.
La última versión de Troya tuvo sin embargo un solo motivo de éxito: la trama de publicidad que se armó en torno a la actuación de Brad Pitt como Aquiles. Fue de entrada un desatino de elección, pero las mujeres han caído en los últimos años en un estado de histeria con respecto a ese actor y lo único que les preocupa es verlo en el papel que sea. Si es posible con la menor cantidad de ropa posible. Igual que lo que han hecho siempre los hombres con relación a la nueva oferta de carne joven, con lo cual en determinados temas los sexos actúan de la misma manera.
Era un veinteañero casi lumpen cuando irrumpió en el cine como el taxi boy, que se aprovechaba de señoras mayores en Thelma & Louise. Alec Baldwin rechazó el papel y quedó el hueco para que apareciera el último rubio del cine, cuando Robert Redford ya no daba para más.
Y Pitt exprimió el momento. El problema consistió en que el cine no parece ser un tema obsesivo para las teen-agers y el margen de su aceptación se redujo. Ahora que tiene 40 años, bien conservados y bien teñidos, el universo femenino se rinde a sus pies. Ya es un oscuro objeto del deseo, sin límites cronológicos. Existe como una especie de credo feminista: los años favorecen a los hombres en lugar de perjudicarlos. Hasta las quinceañeras pierden la cabeza por Sean Connery, un escocés que 40 años atrás debió someterse a agotadoras jornadas de maquillaje para poder ofrecer un James Bond convincente. Y lo logró. Hace tiempo se quitó el bisoñé y sigue repitiendo el cliché del rompe corazones. "¡Qué bien trabaja!", le dicen las esposas a los maridos para que el consumo de Connery no incomode dentro de la iconografía doméstica.
Algo similar sucedió con Kevin Costner, que conoció sus años de apogeo entre la gente joven, sus madres y sus abuelas. La madurez no los arruina sino todo lo contrario. La carrera anterior de Pitt ha tenido varios momentos de destaque sin que desafiara los sueños de nadie. Un año sí y otro también un jurado de la revista "People" lo selecciona dentro de la lista sexy del año, un grupo más bien étnico donde siempre recalan Banderas, Clooney, los últimos modelos, un toque negro, otro asiático, la grifa mediática del inglés que reporta en el Real de Madrid. Pero eso no convertía a Pitt en un éxito de público cuando aparecía en el cine.
Troya lo destapó. Se le inventaron romances, peleas con la esposa, reconciliaciones, problemas con la musculación. Se lo vistió de pollerita griega y se acentuaron sus preocupaciones en torno a Patroclo para ampliar aún más el espectro de su sexualidad. Y de pronto todas se mueren por él. Aunque está demasiado grande para el papel, atlético pero lejos de los prodigios deportivos de Aquiles, con una cara muy Medio Oeste norteamericano como para ambientarlo en las puertas de Asia. Se dejan arrastrar por una intención trágica que Homero por cierto provocó, aunque el gran protagonista de su historia fuera Agamenón y sus ambiciones por unir a los griegos.
Récords en el cine, un negocio resonante en el video y ahora se habla de una futura miniserie. Que naufragará porque la onda héroe clásico llegó hasta Alejandro Magno y ahí paró. Y Brad Pitt ha declarado su nostalgia por los jeans y el pelo corto. Homero volverá al freezer y Pitt seguirá en venta, aprovechando el lapso que le queda para seguir pareciendo un muchacho mientras se le acercan las oportunidades que todavía rondan a Sean Connery, el interminable. Y adiós Troya por un buen rato.