Por la vida y a los golpes

| Su recién estrenado film es indicado como el más importante del año en los Estados Unidos

ASPEREZAS. La boxeadora (Hilary Swank) entre dos hombres de existencias marcadas: el entrenador (Eastwood) y el viejo boxeador (Freeman) 200x250
ASPEREZAS. La boxeadora (Hilary Swank) entre dos hombres de existencias marcadas: el entrenador (Eastwood) y el viejo boxeador (Freeman)

JORGE ABBONDANZA

"Pura y simplemente es una obra maestra, profunda y veraz" dijo el crítico Roger Ebert en el Chicago Sun. No es el único entusiasmado con la película que Clint Eastwood acaba de estrenar en Estados Unidos: bajo el título Million Dollar Baby, ese drama cuenta la relación entre el dueño de un gimnasio de mala muerte (Eastwood), su amigo el viejo boxeador retirado (Morgan Freeman) y la muchacha que quiere convertirse en campeona de boxeo (Hilary Swank). En ese tema pequeño y desarrollado sin el menor énfasis dramático, Eastwood encuentra material para "explorar en profundidad un medio y sus personajes hasta extraer una notable fuerza emocional". Varios críticos norteamericanos explican a sus lectores que prefieren no detallar el curso del relato porque "estropearían la experiencia de cada espectador en seguir el curso de esa historia hasta alcanzar los secretos más hondos de la vida y la muerte". Incluso Ebert llega a señalar que "es la mejor película del año", un juicio que puede arriesgarse sin temor a mediados de diciembre.

Las reseñas insisten en su admiración por el lenguaje sencillo y natural que Eastwood aplica al asunto: "los personajes están observados con una claridad y una autenticidad que cada día son más raras en el cine. El director no busca sentimentalismos sino un enfoque crudo y directo con el que muestra a esos seres mientras hacen lo que tienen que hacer, simplemente". Este es el trabajo número 25 de Eastwood como realizador y según esos elogios de la prensa se convierte en su mejor ejercicio hasta la fecha, una película de efectos sutiles donde una cara en primer plano que va oscureciéndose hasta sumergirse en la pantalla negra anuncia otras oscuridades que sobrevendrán, o una pareja que charla sobre un auto en marcha es iluminada de modo irregular y penumbroso, imitando el carácter mismo de esa conversación "como si las luces desdoblaran lo que se dice y las palabras fueran acariciadas por lo visual".

AUSTEROS. El tema de Million Dollar Baby proviene de unos cuentos sobre boxeo agrupados bajo el título Rope Burns, from the Corner que fueron escritos por Jerry Boyd (un entrenador retirado de 70 años) bajo el seudónimo F.X. Toole. Los diálogos tienen la brevedad y el ocasional golpe de humor que corresponden al medio retratado, como contraste para "una película sombría, llena de penumbras, escenas nocturnas y criaturas que parecen arrastradas por la fatalidad". Como agrega Ebert al final de su crónica, "el cine de hoy está hecho a menudo de efectismos y sensacionalismo. En cambio esta película está hecha en torno a tres personas para mostrar cómo lo que hacen se origina en lo que son y en lo que ha sucedido en sus vidas".

Por su parte, el crítico A.O. Scott señaló en The New York Times que el film de Eastwood "es el mejor entre todos los lanzados por los grandes estudios de Hollywood (Warner, en este caso) a lo largo del año". Luego definió la película como "un drama sereno, de escala íntima en torno a tres individuos, dirigido con un estilo discreto y suelto, sin ningún alarde de agudeza o de brillo formal con los que suele enmascararse lo que actualmente se confunde con gran cine". A punto de cumplir 75 años, Eastwood aplica a su tema un estilo que Scott compara con el viejo cine de Warner de los años 30, aunque sin ninguna nostalgia o referencia hacia ese pasado: "sencillamente con un naturalismo lineal y creíble, que luce como algo contemporáneo pero también clásico" para explorar ese mundo del boxeo "donde la adversidad se alterna con la redención" en el vaivén de unas existencias bastante azarosas.

El propio Eastwood defiende el papel de Frankie, el dueño del gimnasio y Freeman se apropia —"esplendoroso como siempre"— del personaje de Scrap, su viejo amigo, mientras la camarera de 31 años, un poco rea y descorazonada, que se empecina en triunfar en el boxeo, está a cargo de Hilary Swank, la misma que ya recibió un Oscar por su sorprendente papel de muchacha disfrazada de hombre en Los chicos no lloran. Con esos actores, la película va internándose en la capa más penetrante de la vida de esos perdedores ("Frankie ha perdido una hija, Scrap ha perdido un ojo" dice Scott) bañándolos con un fatalismo no desprovisto de momentos de gracia verbal y "de la creciente soledad y las disminuciones que suele traer el paso de los años". Eso no quiere decir que los personajes no tengan un atrayente perfil: el de Eastwood, por ejemplo, lee poemas de Yeats, estudia gaélico y va a misa todas las mañanas, permitiendo que su amigo el sacerdote irlandés con quien suele hablar opine que "quien va a misa todos los días durante 23 años debe arrastrar una culpa muy grande".

"Como siempre" agrega la reseña de Scott, "el universo de Eastwood contiene rasgos violentos e imperdonables. Allí la única protección contra el nihilismo es la disciplina de brutalidad (abastecida en el caso por la ciencia del boxeo) y los compromisos que impone la amistad". Y añade luego: "hay abundantes notas de amor en Million Dollar Baby, pero es un amor enteramente paternal, filial o fraternal, una compensación necesaria para las crueldades del destino de esa gente". A esa altura, el crítico se excusa por una nota "donde abunda la abstracción, pero es la única manera de no delatar las devastadoras sorpresas que ofrece la película en sus últimas escenas, donde crece un poderío dramático arrasador". El propio Eastwood se responsabiliza de la música de su film (que también ha merecido elogios) desplegando una suerte de hegemonía chaplinesca para quien ya no se conforma con actuar y dirigir.

El pensamiento vivo de Clint

"Mi viejo maestro de arte dramático —recuerda Eastwood—me decía: No haga nada, limítese a estar parado ahí. Gary Cooper no tenía miedo de no hacer nada". Esas y otras cosas debió aprender el actor avanzando a lo largo de una carrera que en 1964 le permitió cobrar US$ 15.000 por su papel en Por un puñado de dólares, cifra que al año siguiente subió a 50.000 y que ya en 1968 era de 800.000, que fue la suma que cobró por la aventura de guerra Donde las águilas se atreven, junto a Richard Burton.

"Nunca confíes en nadie en una película italiana —le dijo Clint a su colega Eli Wallach que se disponía a actuar en Lo bueno, lo malo y lo feo—. Yo sé lo que te digo porque conozco a esa gente. Colocate lo más lejos posible de los efectos especiales y los explosivos". Esa experiencia no siempre grata no ha interferido con su apego por el cine: "Amo todos los aspectos de la creación cinematográfica. Creo que estoy condenado a eso por el resto de mi vida". Sin embargo, el amor no le impide ser perspicaz para juzgar lo que se filma por allí: "En el estado actual del cine norteamericano existe una impresionante cantidad de gente colgando de alambres, flotando sobre algo o saliendo de historietas ilustradas. Hay un gran negocio en todo eso".

"Una de las primeras películas que vi —dice Eastwood— fue El sargento York. Mi madre no quiso venir porque era una película de guerra y tuvo que llevarme mi padre, que era un gran admirador de ese personaje de la primera guerra mundial. La película estaba dirigida por Howard Hawks. Allí me di cuenta de lo que era el cine y quiénes lo hacen, empecé a descubrir un poco esas cosas por dentro". Y sobre su formación como actor, agrega: "No hay manera de enseñarle a nadie cómo debe actuar, pero hay una forma de enseñarle a que se enseñe a sí mismo. Porque una vez que se han aprendido los truquitos del oficio y se sabe cuáles le convienen más a uno, ya se puede empezar a hacer cualquier cosa".

De intrigas a tragedias

Nacido en San Francisco en 1930, Clint Eastwood era hijo de un obrero metalúrgico que ingresó al cine en papeles juveniles de films insignificantes (Tarántula en 1955) mejoró su situación cuando intervino en la serie Rawhide (1959) pero saltó a la fama en Italia, increíblemente: allí protagonizó spaghetti westerns de largo éxito como Por un puñado de dólares (1964) o Por unos dólares más (1965) compitiendo en el género con su colega Giuliano Gemma y alcanzando enorme popularidad con Lo bueno, lo malo y lo feo (1966). Su actividad prosiguió en Hollywood en dos terrenos: como actor tuvo éxito duradero con Harry el sucio (1971) y sus secuelas, como director debutó en ese mismo año con Obsesión mortal, revelando instinto y solidez narrativa.

Luego se repartiría entre aventuras del Oeste muy bien armadas (El fugitivo Josey Wales, 1976), comedias de carreteras (Pendenciero rebelde, 1978) y más intrigas policíacas. En fechas recientes le ocurrieron otras cosas: fue alcalde de Carmel en 1985, tuvo siete hijos y algún nieto, sufrió altibajos en su carrera artística pero volvió con el prestigio, el Oscar y la calidad de Los imperdonables (1992) luego de lo cual dirigió Un mundo perfecto (1993), Los puentes de Madison (1995), Poder absoluto (1997) y Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997). El género policial volvió a rendirle en Deuda de sangre (2002), su lenguaje se elevó a niveles de tragedia moderna en Río místico (2003) y vuelve a asomar con similar calidad en Million Dollar Baby.

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