Lamentablemente no estamos para las buenas noticias. Indignación, consternación, asombro y alarma nos han sacudido ante dos sucesos de ocurrencia casi simultánea la semana que pasó. Del primero, ya se ocupó esta página editorial. Es el referente a la reacción de los médicos del Hospital de Clínicas de resolver un paro de actividades, que al principio se interpretó hasta por el Presidente de la Suprema Corte de Justicia como en protesta por la resolución judicial que procesó con prisión a dos de sus colegas a raíz del episodio que culminó con la muerte de Maykol Cardozo. Luego, dijeron que no era esa la intención del paro, sino exigir la resolución de problemas administrativos internos pero en los hechos y en las palabras se mezclaron las cosas y no quedó clara la motivación del cese de actividades. De cualquier manera hay que aclararlo bien, porque lo que menos importa es si la decisión judicial fue justa o no. No conocemos el caso, no estamos en condiciones de opinar. Importa en cambio aceptar de plano que fue legítima, y mucho más importaría el haber intentado transitar en terreno del desconocimiento de las facultades del Poder Judicial. No se puede discutir, por ejemplo, la pertinencia del comunicado del Sindicato Médico del Uruguay en tanto critica la decisión del Juez y expresa su confianza en que la inocencia de los procesados, a quienes les extiende su solidaridad, será demostrada. Pero de ahí a decretar un paro por discrepancias con una sentencia hay un abismo. Como antecedente pretender invadir la independencia de los jueces es muy peligroso. Hay una defensa letrada trabajando, y no se puede interferir en su labor. Para eso, precisamente existe el debido proceso.
Luego el espantoso asesinato al mejor estilo etarra —balazo en la nuca con salida por la frente— de chofer de la cooperativa de ómnibus, para rapiñarle la recaudación. Era un hombre joven que no tenía treinta años, con un niño de diez meses y su esposa embarazada. Este es el horror a destacar. Pero puntualizando que ese trabajador del transporte no fue ni desgraciadamente será la última víctima de la delincuencia en ese sector y en otros. Todo crimen es repugnante. Pocos como este, estamos de acuerdo. Pero la reacción del gremio, decretando un paro de actividades, no se justifica. Entramos en un tema recurrente, porque en el transporte siempre sucede así. Nunca quedó claro si la reacción se trata de un acto de solidaridad con la víctima y su familia, si se trata de un acto de protesta contra la autoridad o en contra de las empresas que no toman medidas de prevención que concretamente nunca se difundieron. Sí conocemos la instalación de la mampara en los taxis, que no sirve para nada. Pero sea cual fuere el sentido del paro, la medida únicamente perjudica a los trabajadores y jubilados de a pie. En la tarde del miércoles, daba pena ver la cara de angustia de la gente entre el viento y la lluvia esperando un ómnibus que la decisión gremial les sacó. Si lo que se busca es la solidaridad, el sindicato podría disponer que sus afiliados trabajen y que el jornal de ese día lo donen a la familia de la víctima. Eso es solidaridad útil. Si el objetivo es otro pues que propongan medidas viables a quien corresponda. Este es el único sindicato que protesta perjudicando al pueblo. Este es otro error, dañino a la sociedad y esencialmente tonto.
Queda espacio para salir de fronteras y hablar de la "invitación" de Fidel Castro a la familia argentina de la disidente a quien no quiere dejar ir a Buenos Aires, para que viajen a Cuba a pasar unas "vacaciones satisfactorias". Los argentinos lo aguantan, y nosotros dentro de poco recibiremos a este cínico como un personaje. Horror seguro pues, a breve plazo.