Una sabia mirada a las vidas de gente humilde

El cine turco deberá ser agregado a la lista de excepciones minoritarias en la exhibición local, junto a los precedentes de Irán, de Dinamarca, de Finlandia y de Corea, que llegan a este país, en buena medida, por gestión de Cinemateca Uruguaya, bajo el repetido lema "Viva la diferencia". En ninguno de esos casos podría hablarse, sin embargo, de industrias nacionales sino de pequeños grupos productores y hasta de esfuerzos personales. El ejemplo de Nubes de mayo se atiene a esas líneas de un cine independiente, con un tema escrito, producido y fotografiado por el director Nuri Bilge Ceylan, con intérpretes aficionados entre los que se destacan su padre y su madre, más un rodaje en exteriores y en escenarios reales. Se ha escrito con razón que Ceylan tiene una reconocida deuda con el teatro y los cuentos de Chejov, como consta por cierto en una dedicatoria final, pero habría que agregar su afinidad con ciertos ejemplos del cine soviético mudo (Dovzhenko, Pudovkin), con el neorrealismo italiano de postguerra y con el más reciente hallazgo que fue Abbas Kiarostami en el cine de Irán.

El argumento es un borrador de escenas cotidianas, apenas hilvanadas y con escaso desarrollo. Un realizador de cine vuelve a su pueblo natal y se dispone a hacer una película de la que informa muy poco. Allí trabajarán padre y madre, de lo cual se ve una escena rodada entre los árboles del bosque, escena de rodaje repetido hasta lograr el tono y la velocidad exigida. Al proyecto de filmación, que seguirá en forma ignorada, se agregan temas laterales. Un segundo actor ha dejado su empleo porque sueña con que sus amigos cineastas lo lleven a Estambul, pero ese plan no tiene futuro. Un niño cercano está preocupado por su promesa de llevar durante 40 días un huevo de gallina en su bolsillo, sin romperlo, plan que le podrá reportar un reloj de regalo. Más importante es el drama del padre, a quien preocupa que el gobierno le confisque un terreno y sus árboles. Esa inquietud es un rasgo continuo del hombre (una suerte de Federico Luppi más anciano), quien se desborda en sucesivos monólogos. Eso incluye un brillante dúo del hombre con un sastre, donde el primero habla maniáticamente de la posible expropiación y de los invisibles funcionarios de la oficina llamada Control, mientras el sastre no lo escucha y repite su monólogo sobre el cliente que ha engordado y que se queja de que la ropa no le entra.

Hay poco más que esa vida diaria en el asunto, presentado con tranquilos acordes de Bach al fondo, sin agregados de crisis dramáticas, de fotografía virtuosa o de retrocesos temporales. Con un tranquilo naturalismo y con un sabio uso de silencios y miradas, el realizador muestra a gente común con problemas comunes, incluyendo obsesiones. No debió serle difícil. En reseñas inglesas sobre una película anterior y otra posterior (Kasaba, Uzak), que son toda su obra conocida, se señala que Ceylan ha trasladado a la trilogía una parte de su vida, como suelen hacerlo los novelistas debutantes. Pero es un profesional y sabe hacerlo.

critica | h. a. t.

NUBES DE MAYO

Mayis Sikintis

Director. Nuri Bilge Ceylan.

Montaje. Nuri Bilge Ceylan.

Sonido. Ismail Karadas.

Productor. Nuri Bilge Ceylan.

Elenco. N. Emin Ceylan, Muzaffer Ozdemir, Fatma Ceylan, M. Emin Toprak, Muhammed Zimbaough.

l Turquía 1999

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