LEONEL GARCIA
Alejandra (42) nunca olvidará el 27 de abril de 2004. Desesperada por su incontrolable afición al juego se puso un revólver en la cabeza y apretó el gatillo. La bala no salió de la recámara. Creyente, lo tomó como una suerte de Mensaje Divino. La abstinencia le dura desde entonces, casi ocho meses. El 5 de junio ingresó a Jugadores Anónimos (JJAA).
Ella es una de las aproximadamente 30 personas que asisten a uno de los tres grupos de JJAA que funcionan en Montevideo.
Otros tres funcionan en Maldonado, San José y Mercedes. El funcionamiento en ellos es muy similar al de otras organizaciones de ayuda a distintos adictos, como Alcohólicos, Narcóticos, Neuróticos o Sexóticos Anónimos, también presentes en el país.
Los adictos señalan que el fin del recorrido de la ludopatía desemboca en prisión, locura o muerte.
No todos los que juegan son ludópatas. Pero en Uruguay se juega fuerte en los casinos. Son más de 1.600 millones de dólares al año, lo cual es un campo fértil para el desenfreno.
En lo que va de 2004, se han jugado más de 677 millones de dólares solamente en el casino del Hotel Conrad de Punta del Este. De ellos, más de 400 millones fueron apostados en los 650 slots, según fuentes de la empresa. El resto, se distribuye entre la ruleta, el black jack, el baccarat y otros juegos de mesa.
El 48% de los apostadores son argentinos y el 42% brasileños, aprovechando la mayor flexibilidad uruguaya en materia de juegos de azar. Y esto sólo en el Conrad, que este año tuvo 1.100.000 visitantes.
Por su parte Federico Arralde, director general de Casinos del Estado, dijo a El País que el promedio mensual de ingresos por ventas de fichas en las salas de juegos estatales asciende a 2.363.707.537 pesos, desde el primero de enero al 30 de noviembre de 2004.
Esto equivale a unos 92 millones de dólares por mes, es decir más de mil millones este año. En lo que parece una constante en el perfil de jugadores, el 87% proviene de los slots y el resto de los juegos de paño. El jerarca indicó que la utilidad bruta prevista para fin de este año es de 2.500 millones de pesos.
De todo ese pozo multimillonario, el peso de los ludópatas es muy menor, pero igualmente preocupante. No va más allá del 2 por ciento del total de la población jugadora.
Ese al menos es la estimación de Martín Cánepa, presidente de Hípica Rioplatense y de la Asociación Latinoamericana de Juegos de Azar. "La mayoría son jugadores de maquinitas, por suerte. Y el nivel de apuestas es muy menor".
SLOTS. Alejandra y José (50) tienen muchas cosas en común más allá de pertenecer a JJAA. Ambos trabajaban en el área de ventas de sus respectivas empresas y debían realizar, por cuestiones laborales, muchos viajes al Interior.
"Todo empezó como distracción. Estaba en una ciudad y a las siete de la tarde no había nada que hacer. Para no quedarme en el hotel iba a las salas de máquinas", relata ella. A los pocos meses, la distracción inicial comenzó a gobernar su vida.
José entró a JJAA el 12 de enero de 2004, luego de perder su trabajo por su adicción al juego. "Robaba para ir al casino", indica. Actualmente, la empresa donde trabajaba le inició un juicio penal que ya lleva diez meses. La cárcel, recuerda, es uno de los posibles finales del recorrido para un ludópata.
LA ENFERMEDAD. Para el psicoanalista Juan Carlos Tutté, la ludopatía "como toda adicción siempre está relacionada a trastornos de personalidad, simplemente es el emergente de otro aspecto más profundo del individuo". Ese aspecto varía según quien sea: José no lo ha descubierto aún, Hugo asegura que comenzó a jugar cuando se truncó su carrera futbolística ("yo estaba en las inferiores de Nacional"), Darío afirma que el disparador fue su divorcio.
Todos coinciden que se trata de una enfermedad emocional y que puede ser controlada, pero no tiene cura. En general se trata de personas que se consideraban a ellos mismos "moralmente débiles" y que sólo encontraban su lugar en el mundo en una sala de juegos.
A medida que la adicción progresa, las pérdidas no son sólo materiales. "Dejás de tener la capacidad de manejar una rutina existencial de forma clara, el hábito de trabajo, la concentración y la objetividad. En una palabra, se pierden todas las referencias", dice Darío quien hoy tiene nueva pareja y una relación recompuesta con sus hijos.
La primera reunión de Jugadores Anónimos en el mundo se realizó en Los Angeles, Estados Unidos, el 13 de setiembre de 1957. Desde ahí, se desarrollaron grupos en todas partes del mundo.
En Uruguay la primera reunión tuvo lugar en el consultorio de un odontólogo, sobre la calle 18 de Julio, el 17 de marzo de 1992. Héctor y un matrimonio fueron los ludópatas iniciales.
RECUPERACION. "Así como la enfermedad es emocional, la recuperación pasa más por una cuestión espiritual que religiosa", sostiene Hugo. Tanto él como los demás asistentes a JJAA repiten casi de memoria las líneas del texto "Jugadores Anónimos" y "Fuerza y Adelante" sobre los cuales se basan las reuniones.
La ludopatía no se cura, sostienen con firmeza. "Cuando se cruza una barrera ya no hay vuelta atrás. Cada día de abstinencia estás más lejos de la última puerta (locura, prisión, muerte) pero igual de cerca que la primera", indica José. Es por eso que una o dos veces por semana, por el resto de sus vidas, asistirán a las reuniones de JJAA, a las que se aferran como a la última tabla de un naufragio. "O como la insulina al diabético", apunta Hugo.
Datos
- Fundado en 1992, hay seis grupos de Jugadores Anónimos en Uruguay. Tres en Montevideo ("Solo por hoy", "San Agustín" y "Belvedere"). Los otros están en Maldonado, Mercedes y San José. A cada uno de ellos asiste entre 25 y 30 personas.
- El Programa de Recuperación incluye doce puntos entre los que se incluye "admitir que somos impotentes ante el juego y nuestra vida es inmanejable", "poner nuestras vidas en manos de un Poder más grande que nosotros mismos".
- También hay un Programa de Unidad, integrado por doce puntos, inherente a cada grupo. En él se especifica que "cada grupo debe autogobernarse", "el único requisito para ingresar es tener el deseo de dejar de jugar", "cada grupo de JJAA debe autofinanciarse por completo".
- A los 90 días de abstinencia del juego, un integrante de un grupo está habilitado para ser su coordinador. Este cargo es rotativo.
- A los dos años de abstinencia se puede llegar a un "equilibrio". Pero esta enfermedad emocional se puede tratar, no curar.