NATALIA ROBA
Además de ser el presidente de la Suprema Corte de Justicia y de presidir el Círculo de Tenis en el Prado, Leslie Van Rompaey tiene en su historia el haber resucitado. Por eso, en el reciente 20� Congreso Uruguayo de Cardiología, dio su testimonio sobre su muerte súbita.
El 12 de octubre de 1998 mientras jugaba al tenis se desplomó por un paro cardíaco. Gracias a que en el Círculo de Tenis había tres médicos que le hicieron masaje cardíaco y a la celeridad con que lo atendieron, salvó su vida.
En entrevista con El País relató cómo fueron los hechos, qué vio mientras estaba muerto y qué piensa hoy, seis años después de haber nacido de nuevo.
—¿Cómo fue el accidente?
—El 12 de octubre de 1998 recibí la llamada de unos compañeros del club que me invitaban a jugar al tenis. No pensaba jugar pero me insistieron y fui. Hasta ahí llega mi memoria porque no me acuerdo de nada de ese día. Estaba jugando, el club estaba lleno porque era un día feriado y había más gente de lo habitual, y en determinado momento según me contaron, caí literalmente muerto. No sólo me caí sino que como tenía los lentes me lastimé y estaba todo ensangrentado. Afortunadamente había tres médicos allí, uno de ellos no estaba jugando y vino enseguida. En dos o tres oportunidades yo traté de hablar con él porque no lo conozco, de ubicarlo para agradecerle porque me salvó la vida pero no pude ubicarlo. El había ido con Paolo Rigolini que es amigo mío y director de la orquesta musical infantil, y me contaba del esfuerzo titánico que hicieron para revivirme y que le dijo que no creía que pudiera vivir.
—Esa fecha del 12 de octubre del 98 no se le olvida más
—No. En ocasiones similares mucha gente festeja su nacimiento y no es para menos, estaba muerto realmente.
—¿Cómo lo reanimaron, había desfibriladores en el club?
—No. Fue con masaje cardíaco y respiración boca a boca. Si no hubieran estado estos médicos yo no sobrevivía. Porque creo que el porcentaje de sobrevida ronda el 15%, o menos. Inclusive pude haber tenido una lesión cerebral.
—¿Usted tenía problemas de corazón?
—Ninguno. No conozco los síntomas. Es un tema que me preocupa cuando siento algún dolor, me asusto. Yo no hacía caso a los factores de riesgo porque pensando en la vida deportiva que llevo, no imaginaba que me podía pasar nada.
—¿Con qué frecuencia juega al tenis?
—Dos o tres veces por semana. Ahora me operaron de la vista y no puedo hacer tenis y estoy desesperado. Eso me pone nervioso porque engordé tres o cuatro kilos y el sobrepeso es un factor de riesgo muy grande.
—¿Después del accidente como fue el proceso?
—Después de allí fui al coma. Me llevaron a Impasa y allí los médicos decidieron hacerme una angioplastia y luego la recuperación que no fue larga. Hice dieta, adelgacé cuatro o cinco kilos, y luego volví a la vida normal.
—Cuando despertó y le contaron lo que le había pasado, ¿qué pensó?
—Salir del coma es una etapa de confusión. Uno va asumiendo la realidad de a poco. Y tuve alguna visión de mi madre que me hablaba.
—¿Vio el famoso túnel?
—No. No vi el túnel. Hablado con médicos y enfermeras las experiencias más frecuentes son las del túnel, una luz blanca al final, una persona que te invita a acercarse, con una sensación de placidez. En otros casos la persona ve cómo desde encima, se ve a sí mismo. Tampoco tuve eso. Tuve una vivencia muy fuerte con visos de realidad de mi madre que me recibía y me hablaba y me decía: "Yo encantada de que vengas conmigo pero prefiero que te vayas, que vuelvas a tu vida".
—¿Eso lo recuerda ahora?
—Sí. Como si estuviera ahora, además no era una imagen de mi madre anciana sino joven, de cuarenta y pocos años, algo que debo haber rescatado del fondo de mi memoria. Estuve años sin siquiera poder contarlo porque me emocionaba. Además coincidió con que uno de mis amigos me trajo un cassette con una de las canciones que cantábamos cuando nos reuníamos con mis hermanos. Son canciones a la madre que hablan del encuentro con la madre y se llama "Entre la vida y la muerte". Jamás podría cantar esa canción entera.
—¿Tiene miedo que le vuelva a pasar?
—No, no tengo miedo. Al contrario yo creo que el hecho de tener una vida normal, los riesgos existen pero yo me controlo, estoy medicado. Aunque siempre prefiero jugar con un médico al lado. (Risas) En nuestro grupo casi siempre hay un médico, lo que es una tranquilidad.
—¿Y si no hay médico?
—Me pongo un poco nervioso
—¿Pero juega igual?
—Sí, juego igual el deporte es fundamental.
—¿Se siente privilegiado?
—Sí, claro. Naturalmente es un privilegio estar en ese porcentaje de sobrevida. Por un lado físicamente el accidente tuvo lugar haciendo actividad deportiva, pero por otro lado pienso que el haber practicado deporte me ayudó a sobrevivir. Entonces cuando sentía ese miedo inicial de volver a la actividad deportiva en el lugar, también tenía la confianza de que fue esa actividad la que me ayudó a sobrevivir. Hoy hago vida normal, tratando de cuidar el régimen y la actividad deportiva es fundamental.
—¿A quién agradece esto?
—Sin duda a los médicos. Yo creo que si en algo coinciden los que estaban allí es en que los médicos dieron aún más de lo que podían humanamente. En mi debe queda por lo menos a uno de ellos poder agradecerle. Cuando me reintegré estaba en el vestuario y una persona que estaba cerca de mí me miraba y yo no lo conocía pero me empecé a poner nervioso y me dijo: "Pero vos no eras el que tuviste el paro y estas acá. No lo puedo creer". Si yo tuviera que rescatar algo, la atención profesional y humana que me dieron todos los médicos por los que pasé. Y después seguí teniendo la asistencia profesional del doctor Argurúa, que me ha apuntalado en todo el proceso.
Un hombre sin creencias religiosas
¿Es creyente?
—Estoy en una etapa que no sé si llamarla de agnosticismo. Soy de educación católica pero en esta etapa de mi vida no tengo creencias religiosas.
—¿Después de esto que le pasó no hubo un replanteamiento de su vida y creencias?
—No, tuve presiones muy intensas para que pensara y recobrara la fe.
—¿Presiones de quién?
—De amigos que me decían que pensara que esto es un mensaje para volver a la religión. Quizá sea demasiado racional, pero identifico lo que me pasó con el estado de confusión propio del post angioplastia y de la salida del coma. Quizá hubiera escuchado algo o visto y hubiera recuperado esa memoria. Hasta la voz recuerdo de mi madre que era la misma voz que tenía mi madre...
—¿Por qué piensa que le tocó a usted esta experiencia de haber estado muerto y haber vuelto a vivir?
—Quizá uno piensa que la vida es muy buena, que quizá haber sido algo así como un resucitado. Yo creo que el compromiso vital, la vocación de servicio siempre lo tuve, el apego a la vida, no me cambió mi manera de ser, ni mis principios. A mi familia le ha afectado todo esto y lo vincula al deporte pero agradezco que pude volver a jugar, mi médico me apuntaló a volver a jugar, cosas que hice en pocos meses.