Los vivos y los muertos

Jorge Abbondanza

El 45 por ciento de la población mexicana vive con menos de dos dólares por día, pero un jerarca estatal retiró 12.500 dólares del organismo que dirige para pagar la liposucción de su mujer, mientras la presidencia de la República gastaba 5.300 dólares en un juego de sábanas y un diplomático pagaba 11.700 dólares de esos mismos fondos públicos por seis colchones y siete almohadas, según informó el periodista mexicano Diego Cevallos. Unas 5.700.000 personas sobreviven en Argentina con 50 pesos (17 dólares) por mes y otros 5.000.000 se arreglan con 100 pesos (34 dólares) mensuales. Pero hace unos días, del otro lado de la cordillera pudo contemplarse el reverso de tales penurias cuando tuvo lugar en Santiago la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, porque la comitiva del presidente Bush gastó 500.000 dólares por día, según dijo el diario El Mercurio. Eso incluyó las cuentas de hotel de doscientos efectivos del servicio secreto y el vuelo constante de tres aviones-radar sobre la capital chilena. El dato no sólo puede ofender a los 10.700.000 pobres de Argentina (y a muchos otros de Chile o el propio Uruguay) sino también a los 45.000.000 de estadounidenses que carecen de seguro médico por no poder pagarlo. Y todo ello ocurre mientras la guerra de Irak sigue costando 5.800 millones de dólares mensuales al bolsillo de los contribuyentes norteamericanos, que pagan impuestos en un país cuyo déficit fiscal ha llegado al récord de 500.000 millones. Con razón el dólar ha quedado en desventaja frente al euro.

Los contrastes de miseria y despilfarro son una de las obscenidades del mundo de hoy, donde la séptima parte de la humanidad pasa hambre y por esa misma causa muere un niño cada diez segundos en las regiones menos favorecidas del globo. En Medio Oriente hay otros datos al respecto, a medida que se revela el entretelón de lo que ocurrió antes de la invasión de Irak, durante la vigencia del programa "Petróleo por Alimentos" que permitía a Saddam Hussein vender ciertas cuotas del carburante a cambio de ayuda humanitaria que venía del exterior.

Hubo negocios secretos al amparo de ese programa, según declara ahora Dennis Halliday, que fue subsecretario general adjunto de Naciones Unidas para Irak. "Cada coima y cada barril de petróleo contrabandeado a Turquía, Siria y Jordania eran bien conocidos y vigilados por satélites norteamericanos. El líder kurdo Massoud Barzani —aliado de Inglaterra y Estados Unidos— hizo millones de dólares con embarques ilegales de petróleo y las compañías norteamericanas que compraron indirectamente el 40 por ciento de ese petróleo a Saddam, pagaron las coimas a los intermediarios".

Según Halliday, "el escándalo no ensucia a la Secretaría General de Naciones Unidas (como parece pretender el gobierno de Washington) sino a los países miembros que apoyaron las mortíferas sanciones contra Irak en 1990 y 1991" y que permitieron dos cosas: desviar miles de millones de dólares de la finalidad humanitaria de aquel programa, impidiendo salvar muchas vidas iraquíes, y habilitando al propio Saddam —antes de satanizarlo—a apropiarse de unos 21.300 millones de dólares. Sólo un ex-funcionario de Naciones Unidas, Benon Sevan, recibió 13 millones como regalo de Saddam en esos años, según declaró Charles Dueffer —investigador de armas iraquíes por cuenta del gobierno estadounidense— ante un subcomité del Senado. Todo eso explica que tanta gente muera injustamente, aunque no sólo de hambre.

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