MAGDALENA HERRERA
El escenario del Teatro Solís se transformará en un infierno. Los parroquianos de un bar intentan sin éxito alguno encontrar una puerta para salir. Un narrador relatará y cantará historias, mientras que un personaje algo demoníaco dejará entrever su burla y hasta desprecio por los frustrados intentos de quienes buscan una salida. Esa es apenas una mínima anécdota de Bar del infierno, espectáculo teatral y musical que Alejandro Dolina estrena mañana en una única función junto a un trío de cámara y un elenco de músicos y actores.
Bar del infierno tiene su pequeña historia. "En el 2003 realizamos un pequeño ciclo de televisión en Buenos Aires que no tuvo éxito comercial pero sí artístico. Para quedarnos con algo, construimos un pequeño espectáculo teatral siguiendo al menos los preceptos iniciales del programa: que transcurriera en un bar del que no se podía salir y en el que todos están condenados a repetir sus conductas, aun sin advertirlo. Es un bar donde se canta mucho y donde se cuentan algunas historias", explica el propio Alejandro Dolina.
En definitiva, se trata de un recital de textos y canciones que ocurren en el interior de un bar. "Todos quienes están ahí conspiran, intentan encontrar la puerta o por lo menos una explicación a ese bar".
Dolina se mezclará entre los parroquianos para narrar y cantar historias, junto a un trío de cámara. Los parroquianos, por supuesto, son todos actores y cantantes. "También hay un personaje misterioso y un poco demoníaco que al parecer tiene alguna autoridad. Los actores no lo vemos pero el público sí. Ese personaje evidentemente nos desprecia y se burla de nuestros intentos frustrados", señala el narrador
Las metáforas se encuentran sobre la superficie. Según el espectador, el bar se transformará en el mundo, en el universo, "quizás en el pensamiento o en el lenguaje", agrega Dolina.
—¿Por qué un bar y no un almacén o cualquier otro reducto?
—El bar tiene una ventaja, al menos artística. El mundo privado y el mundo público conviven allí, al mismo tiempo. Desde el punto de vista teatral, e incluso televisivo, basta una luz para convertir lo que era público en privado. Estamos todos allí, entra cualquiera, hay una escena de carácter colectivo sin ninguna privacidad, y de golpe uno se sienta en una mesa y está en un mundo absolutamente privado.
—¿El narrador, o sea usted, cuenta historias que tienen que ver con esos parroquianos?
—No, el narrador cuenta y también canta historias que no tienen mucho que ver con el bar. Son historias aparentemente desvinculadas. El destino del tipo es que nadie le hace caso. El tiene un gran entusiasmo y es evidente que los parroquianos le pasan por encima.
—¿Por qué no pueden salir? ¿No hay a dónde salir?
—A lo mejor no hay afuera. No es que esté clausurada la puerta, tal vez no hay otra cosa. Lo mismo nos pasa, decía Nietzsche, cuando queremos salir del idioma. Pero cuando abandonamos la lengua ya no estamos pensando.
—¿No es una mirada algo pesimista?
—No, no me parece. Dentro de ese infierno, existen algunas pequeñas imperfecciones como pueden ser el amor, el arte, la música. Son formas de obtener pequeños vislumbres de felicidad. Yo creo que no se puede salir, es imposible. Pero a lo mejor se puede hacer algo adentro.
—¿En la realidad usted qué hace adentro?
—Lo que le acabo de decir. Amor, música y arte en las mínimas proporciones de las que soy capaz, pero trato de hacerlo.
PERSONAJE. Para los demás no resulta fácil colocarle el rótulo a Alejandro Dolina. Hace quince años que conduce el programa radial "La venganza será terrible" a la medianoche. Su primer libro "Crónicas del Angel Gris" vendió 400.000 ejemplares. Ha compuesto canciones e integrado grupos musicales. Grabó una opereta "Lo que me costó el amor de Laura" que en el 2000 fue llevada al teatro y obtuvo el premio Argentores a la mejor obra del año. En el 2003, estuvo con una vieja conocida, la pantalla chica, con Bar del infierno. Ha grabado discos de tangos. En la última feria del libro porteña, su conferencia convocó más público que cualquier otra en la historia de la muestra.
"Es más sencillo de lo que se piensa. Yo soy un escritor que hace música, y nada más que eso. Las otras cosas no son más que combinaciones de esas dos. La venganza será terrible no es un programa de radio usual, está basado en la narración y la música. Y, desde luego, tiene humor, pero es otra forma parte de la narrativa. Este espectáculo teatral también, es relato y música. Yo siempre cuento algo y a veces intento alguna cosa musical. Poco importa en los foros donde se hace, ya sea en la radio, el teatro o televisión. No hay mucho más que eso", confiesa Dolina.
—¿Por qué cree que gran parte de sus oyentes y seguidores son jóvenes?
—Mi respuesta honesta es que no lo sé. Me gustaría que sucediera por una mayor exigencia y velocidad que suelen tener los jóvenes respecto a ciertos fenómenos artísticos. Por el contrario, creo que las personas de mi edad por lo general son más pasivas y están más entregadas a la tiranía mediática, particularmente a la televisión. Buscan espectáculos que repitan una fórmula que ya está consagrada y que les parece cómoda. Los jóvenes aceptan mejor la heterodoxia. Me gustaría creer que es por eso.
—¿El tango ocupa un lugar de privilegio en el Bar del Infierno?
—Ocupa un lugar. Es una música que me gusta mucho, pero no soy supersticioso al respecto. No creo que haya que defenderlo como si fuera una causa sagrada. Me gustan los tangos pero también las canciones de cámara, la música latinoamericana, la clásica, los Beatles y Queen.
—¿Por qué lo elige como género para su espectáculo?
—No son todos tangos, también hay valses, canciones de cámara y partes corales. Desde luego que los tangos tienen ventaja porque cuentan con letras muy complejas que son más fáciles de atar con el tipo de relato que utilizamos. No tomamos esas glosas tangueras ni las canciones arrabaleras. Son más bien historias que podrían pertenecer perfectamente a la literatura fantástica. El tango tiene una variedad temática muy grande y resulta más fácil casarlo con una historia fantástica que, por ejemplo, hacerlo con una cumbia.
—Cuándo hace el programa de radio, un espectáculo o publica un libro, ¿también busca el éxito?
—Yo deseo el éxito pero no lo busco en la medida que eso signifique establecer resortes artísticos tales que vengan a dar en un éxito. Con toda sinceridad, trato de hacer pequeños espectáculos que me gusten a mí. Si la gente lo recibe bien, fenómeno. Pero no haría algo artístico que no me gustara para llegar al público. La prueba está en la música que elegimos. Se trata de tangos, canciones criollas y música de cámara que no son las que están de moda. No son los temas que más fácilmente podrían ser tarareadas por la muchedumbre.
—¿Por qué le parece que lo artístico no corre paralelo con lo comercial como le sucedió en el ciclo televisivo del "Bar del infierno"?
—No lo sé. En Argentina, existe un gigantesco divorcio entre el arte y la industria del arte. Eso ocurre en todas partes, pero en mi país no hay ni siquiera un foro que refleje trabajos más complejos. Ni siquiera tienen lugar en los foros especiales, esos que deberían ocuparse de que algunas cosas experimentales, de cierta dificultad, logren mostrarse. No digo ya un subsidio, ni una pensión. Creo que es el área oscura de la gestión de gobierno, que es simpática en muchos aspectos. No han encontrado el coraje o el gesto emprendedor al respecto. También en el ambito de la ciudad suceden cosas curiosas. En algunas áreas se ve al gobierno porteño muy lleno de energía y progresista, pero en la cultura sigue habiendo un casamiento con lo mediático. No puede ser que se tome un teatro oficial para realizar un homenaje a una figura de la televisión (se refiere a Susana Giménez). Esa gente ya está suficientemente homenajeada por el rating, por el dinero, por los circuitos comerciales y los mercaderes que ponen avisos en su programa. Creo que hay que buscar aquellas personas que están haciendo algún trabajo de cierto mérito. No estoy hablando de mí, que estoy con medios que funcionan bien. Me gano bien la vida, no necesito eso. Pero alguna gente sí, y no hay foro donde mostrarse.
"El Teatro Solís mete mucho miedo"
Hace quince años, Alejandro Dolina inició en Argentina su programa radial "La venganza será terrible" que hace tres comenzó a retransmitirse por Radio El Espectador a la medianoche. Desde el principio la repercusión fue importante, fundamentalmente entre el público más joven. Cuando realizó su programa desde la Sala Zitarrosa, con entrada libre, cuatro mil personas fueron a verlo en cinco días, y otra multitud quedó afuera por falta de capacidad locativa.
Tal repercusión sorprendió hasta al propio Dolina. "Antes de conectarme profesionalmente con la República Oriental del Uruguay ya tenía enormes vínculos con este país. Estuve casado con una uruguaya, venía mucho por aquí y tenía grandes amigos. Además de cariño, siempre he profesado una gran admiración por ciertas virtudes de austeridad y de inconsciente refinamiento que tiene el público uruguayo. Y me preguntaba qué podía pasar conmigo en un contacto con la gente".
De un modo milagroso, según narra el escritor, se encontró que muchos uruguayos hacían enormes esfuerzos para escucharlo desde Buenos Aires. Entonces, aprobó que su programa fuera trasmitido por el Espectador. "Su suceso no fue previsto por nadie, y en lo personal representó una gran e inesperada alegría", comenta Dolina.
Mañana, tendrá una nueva prueba de fuego. Dolina estrena espectáculo en el bastión teatral montevideano. "Uno siente una especie de pudor porque el Teatro Solís mete miedo. Es un foro muy respetable, y espero no desentonar con el nivel de excelencia. Ojalá que el foro nos contagie su espíritu artístico, si es verdad lo que algunos creen sobre la magia que generan ciertos lugares".