Mentiras desnudas

Una colección de mentiras. Me refiero al reciente libro del profesor, viajero y prolífico escritor español, Fernando Díaz-Plaja. Su título, en verdad, me da la razón. Se llama: "La verdad desnuda y otras mentiras" (El Galeón). Y es una colección de veinte cuentos cortos. Pero, antes de seguir, unas pocas palabras sobre el renombrado escritor. Hablando en cifras, digamos que Fernando Díaz-Plaja tiene 86 años (vive en Punta del Este hace un tiempo) y ha publicado 141 libros. Entre ellos, cabe señalar, por ejemplo, uno tan difundido como "El español y los siete pecados capitales" (que ha vendido casi un millón de ejemplares), en una serie de seis libros. Sumo y sigo: sobre "La vida cotidiana en el pasado" ha escrito 20 títulos; "Biografías, 12; "Textos Históricos, 10; "Ensayos Literarios, 18; "Antologías, 6; Imaginativas, 10; "Viajes" 8. Ha dado la vuelta al mundo tres veces, enseñó en 12 universidades de 7 países, y ha dictado conferencias en 13 idiomas.

Bien, volvamos ahora a su reciente libro de cuentos. Como no puede estar sin trabajar (leyendo, escribiendo, dando conferencias), tras haber incursionado hace tres años en la novela, con "La aventura de Jorge" (Ediciones de la Plaza), ambientada en el tiempo de la "guerra incivil española" (como él le llama), ahora ha cambiado el paso y el tono, redactando cuentos cortos. He escrito, hace poco, en esta misma columna, sobre las diferencias de ambos géneros: la novela es al cine lo que el cuento a la fotografía. Pues bien, ahora digamos que Fernando Díaz-Plaja se ha dedicado a tomar fotos del corazón de sus criaturas, en base a palabras, y con una imaginación muy abierta, a la que debemos agregar, naturalmente, su condición de historiador. Nada le es desconocido.

En consecuencia, puede escribir cuentos tan deliciosos como, por ejemplo, los titulados "Lo malo de llegar a tiempo..." y, para sólo apelar a un ejemplo más, "La vuelta de Cervantes". En el primero de los citados se dedica a narrar sobre Romeo y Julieta, pero imaginando qué hubiera ocurrido si el religioso Fray Juan hubiera llegado a tiempo con su mensaje a Romeo, explicándole cómo era la pócima que había tomado Julieta. Y bien, si esto hubiera ocurrido, no habrían muerto; y tenemos un cuento como el que nos ofrece Díaz-Plaja, con una historia de amor muy diferente, como la que imaginativamente se decide a contar aquí. Y en cuanto a Cervantes, el cuento tiene directa relación con su mano perdida. No menos atractivo es el relato "El cuadro", a propósito de una obra desconocida de El Greco. Otros cuentos, como los llamados "Lo que pudo ser" y "El malo y el bueno", apelan a finales tan sorpresivos que solamente podemos mencionarlos como ejemplos de relatos concebidos con suma habilidad para producir un sobresalto en el seducido lector.

Por cierto, Fernando Díaz-Plaja es un escritor sumamente erudito. Gracias a ello proporciona a sus historias, a veces crueles, un fantasmal elenco de apoyo donde están Josué, Diógenes, Einstein y hasta Lady Godiva. El formato breve le sienta bien, y sus historias, empresas fruitivas, son deliciosas.

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