CAMPO DOS, Colombia
El jefe paramilitar Salvatore Mancuso y más de 1.400 de sus tropas dijeron ayer adiós a las armas, en la más grande desmovilización de combatientes registrada en Colombia, en el marco de un proceso de paz con el gobierno.
"Hasta hoy están bajo mi mando, sepulto al comandante y nace el hombre de la calle", anunció Mancuso a sus tropas, quienes soportando un intenso sol sostenían sus fusiles en la mano por última vez.
Más tarde, Mancuso sacó de la cartuchera su pistola Beretta de 9 milímetros, le retiró el cargador y depositó el arma sobre una mesa blanca. Luego vino un apretón de manos con el Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, y el gesto de Mancuso se fue repitiendo. Unas 1.100 armas son verificadas por la OEA.
Rompiendo con la tradicional arrogancia de grupos armados ilegales que libran un cruento conflicto de cuatro décadas en este país, el líder paramilitar hizo un sentido "mea culpa" y pidió perdón a las víctimas de los miles de asesinatos que se atribuyen a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Su disculpas también se extendieron a Estados Unidos, país que solicita a Mancuso y otros comandantes de las AUC en extradición por cargos de narcotráfico, actividad a la que recurrieron los escuadrones de extrema derecha para financiar su guerra contrainsurgente.
"Con el alma anegada de humildad pido perdón al pueblo de Colombia, pido perdón a la naciones del mundo, entre ellas a los Estados Unidos de Norteamérica, si por acción o por omisión la pude ofender", sostuvo este ganadero de 40 años, que se convirtió en una de las cabezas vi- sibles de un poderoso ejército irregular.
Mancuso reconoció que la extradición "pende amenazante" sobre sus decisiones, pero recalcó que el camino de la paz tomado es el correcto.
Sin embargo, ante la insistencia de funcionarios estadounidense de la necesidad de proseguir con las extradiciones de los jefes paramilitares, el líder de las AUC los invitó a ponerse en su lugar y entender cómo algunos colombianos decidieron tomar las armas ante la incapacidad del Estado para enfrentar a las gue-rrillas.
"Nadie conoce todos los peligros que cuentan sobre esta determinación de paz. A quienes no entienden los invito a caminar una milla en mis zapatos", indicó.
El Comisionado de Paz calificó como un "hecho histórico" la desmovilización de los 1.400 combatientes del Bloque Catatumbo, que operan en esta zona fronteriza con Venezuela, a 450 kilómetros al noreste de Bogotá.
"Este hecho significativo quedará grabado en la memoria de los colombianos como la más grande desmovilización colectiva que haya visto al presente en nuestro país", dijo Restrepo, en su discurso.
Un combatiente que se preparaba para entregar su fusil, aseguró que tras siete años de luchar contra las guerrillas, lo único que espera es volver con su mujer y contar con apoyo para instalar un taller mecánico en el pueblo de Corozal, cerca de la Costa Caribe.
"Ojalá el gobierno nos cumpla para dejar las armas de por vida. Estoy cansado de la guerra, pero quizás no arrepentido de lo que hice, porque fue por la paz", sostuvo este paramilitar de 29 años, que sólo quiso identificarse por el sobrenombre de "El Nápoles". AP