La tercera visita a Montevideo del cantautor Kevin Johansen estuvo motivada por la edición de su tercer disco solista, City Zen. Justamente con un fragmento de esa canción fue que el músico dio inicio al espectáculo, pero pronto el concierto creció hasta convertirse en bastante más que un repaso por las más recientes canciones del flamante álbum.
Ante un Teatro Solís prácticamente lleno, Johansen siguió con Sur o no sur, canción que le da el título a su segundo disco y acaso una de las más significativas de su cosecha autoral. En ella aflora uno de los principales rasgos de Johansen: la mixtura musical y cultural. En Johansen conviven dos lenguas (inglés y castellano), dos universos culturales (EE.UU. y Argentina) y muchas músicas. El argentino nacido en Alaska elige procesar los múltiples influjos a través de canciones tan mestizas como él. La canción Sur o no sur alberga tanto al "¡adentro!" folclórico como el "give it away, give it away, now!" funky de Red Hot Chilli Peppers (el funk es uno de los ingredientes principales de la música de Johansen. Más tarde en el concierto, el cantante interpretaría un tema de City Zen llamado Atahualpa You Funky).
Por otra parte, la banda —The Nada—, es otro reflejo de la híbrida y cosmopolita postura de Johansen: el charango se acomoda junto a la guitarra eléctrica, el bandoneón junto a las tumbadoras y así se podría seguir enumerando encuentros cercanos de tercer tipo entre instrumentos y géneros musicales. Por momentos, el ir y venir de distintos timbres y estilos musicales hace pensar en la anarquía de la No Smoking Orchestra de Emir Kusturica. Otras veces, es el nombre de Manu Chao el que viene a la mente, sobre todo cuando Johansen y su banda ejecutan fragmentos de canciones o composiciones.
Pero la música de Johansen no es una mera acumulación de influencias y referencias. El argentino tiene un identidad bien definida, sustentada en una oscura pero suave voz, una guitarra acústica que toca con mucha fluidez y delicadeza y una manera de mezclar distintos géneros para que todo termine sonando a él. Hace algún tiempo, Fernando Cabrera —que participa en el nuevo disco de Johansen— decía que se puede aprender algo hasta de los géneros musicales más desacreditados entre la "intelligentsia", como por ejemplo la cumbia. Johansen también parece opinar lo mismo, porque es justamente con la cumbia que este cantautor logra algunos de sus mejores y más divertidos momentos, como en los casos de Cumiera intelectual o En mi cabeza, del nuevo disco, definida por Johansen como una "cumbia-glam".
Casi desde el principio, el músico estableció una comunicación cómplice con la audiencia del Solís, que recibió a Johansen con calidez y respeto. Tal vez estimulado por la aceptación del público y por el buen desempeño de The Nada, Johansen fue quedándose y quedándose en el escenario. No había forma de que colgara la guitarra y se fuera. Las fanáticas de parabienes, pero los que no "mueren" por Johansen lucían gestos de cansancio y aburrimiento en sus rostros. La duración del concierto, que estuvo a quince minutos de las tres horas, fue desmesurada y Johansen puso a prueba la paciencia de varios. Aún así, el argentino que vivió en Montevideo parte de su adolescencia se ha ganado el afecto del público de esta ciudad con una cuantas canciones que hablan de amor, desarraigo, viajes y encuentros entre diferentes culturas.
Crítica | Fabián Muro
KEVIN JOHANSEN & THE NADA
Sala. Teatro Solís
Fecha. 29 de noviembre