Fue por cuestiones del momento que M.M. atendió el teléfono del jardín de infantes la tarde del pasado lunes. Era la cuarta vez que sonaba, pero por tres veces consecutivas la persona del otro lado de la línea había cortado la llamada. Antes de esto el sonido ambiente que se escuchaba daba la inequívoca idea de que había alguien agazapado tras el silencio. Pero esta vez escuchó una voz que ronca y nerviosa dijo: "Ustedes están muy tranquilas pero en minutos van a volar porque hay una bomba abajo de una de las mesas".
M.M. de inmediato pensó en los 60 niños que jugaban en el patio. Había que actuar rápido. Avisó la situación a las maestras con la directiva de que no pusieran nerviosos a los chicos. Inmediatamente después llamó a los bomberos.
En pocos minutos un equipo especial de Bomberos y varios patrulleros llegaban al lugar. Los niños entre atónitos y curiosos por el despliegue de sirenas y uniformes; fueron desalojados.
En el captor había quedado registrado el numero telefónico desde donde había llamado el amenazador.
Para los detectives del Distrito de la Costa fue fácil. El amenazador había llamado desde un edifico de Benito Blanco 847. Cuando llegaron un portero muy correcto les abrió la puerta del edificio. Mientras indagaban a los vecinos del edificio averiguaron que el portero tenía antecedentes psiquiátricos y penales por hurto. Hay que "apretarlo", se dijeron los policías y no fue difícil. A los pocos minutos había confesado haber realizado cerca de 14 amenazas de bomba en los dos días que hacía que trabajaba como portero de dicho edificio.
Casi con la celeridad con que había sido identificado y detenido fue dejado en libertad por el Juez. Ahora las educadoras del jardín de infantes tienen miedo y preguntan. ¿ Por qué la empresa de seguridad que tiene a su cargo el edifico había contratado a un guardia salido de la cárcel hace dos meses y enfermo psiquiatrico? ¿Por qué la Justicia lo dejó en libertad? Ya que el amenzador sabe quien lo denució: ¿no tomará represalias? Ahora una guardia policial custodia el jardín de infantes porque, aunque usted no lo crea: el amenazador anda suelto.