GUILLERMO ZAPIOLA
No parece haber despertado grandes entusiasmos ni entre la crítica ni entre el público Alejandro, film dirigido por Oliver Stone sobre la figura del líder macedonio que acaba de estrenarse en los Estados Unidos.
Nadie ha discutido la ambición del proyecto, una epopeya de alrededor de tres horas de duración que sigue la trayectoria de Alejandro Magno (Colin Farrel) desde su nacimiento, dando cuenta de sus primeros conflictos con su padre el rey Filipo (Val Kilmer), las intrigas políticas de su madre Olimpia (Angelina Jolie), hasta sus campañas militares que lo hicieron dueño de Grecia, el norte de Africa y media Asia antes de morir, prematura y sospechosamente, a la edad de treinta y dos años. Ha habido más dudas, empero, con respecto a la convicción dramática del resultado, aunque incluso algunos de sus objetores le han reconocido cierta innegable condición espectacular.
COMPLEJIDADES. No resultan difíciles de sospechar las razones por las cuales el director y libretista Stone (Salvador, Pelotón, JFK, Nixon) pudo sentirse atraído por la historia y la personalidad de Alejandro. Por un lado estaban, por supuesto, las posibilidades del asunto como espectáculo de acción: las batallas de Queronea, el Gránico o Issos (o las que sea que a Stone se le haya ocurrido escenificar) constituyen una obvia oportunidad de lucimiento para directores de segunda unidad apoyados por especialistas en computación digital de última generación. Por otro estaba el personaje mismo, una mezcla de niño caprichoso, político astuto y genio militar a quien la suerte o los dioses griegos, que como se sabe tenían su sentido del humor, le adjudicaron una de las madres más manipuladoras de la historia. En una fallida pero no exenta de inteligencia versión del mismo asunto rodada en 1954 con Richard Burton en el papel protagónico, el guionista y director Robert Rossen había entendido correctamente que la historia de Alejandro era un buen pretexto para una reflexión sobre la Voluntad de Poder. Es decir, Stone puro: desde hace dos décadas, el cineasta se viene ocupando del tema desde diversas perspectivas y con distintos pretextos.
Hay en todo caso un aspecto de la personalidad de Alejandro que Stone ha podido explorar con más libertad que Rossen hace medio siglo: su ambigüedad sexual. Hace unos días, una asociación de abogados griegos anunció que pondría una demanda contra Stone por "difamar" a un héroe local al describir a Alejandro como bisexual, pero les va a costar ganar el caso: es casi seguro que los historiadores serios le den la razón a Stone contra sus demandantes. De cualquier manera, el film no estaría equivocado al otorgarle un papel crucial en la vida del protagonista al personaje de Hephestion (Jared Leto), compañero de la infancia de Alejandro y su amigo muy, muy íntimo.
REPERCUSIONES. Entre el gran espectáculo de acción, el drama político y el conflicto freudiano (son también sospechosos los sentimientos del héroe por su madre Olimpia) Alejandro no parece haber convencido plenamente a nadie. No tuvo una buena salida en su primera semana en cartelera en los Estados Unidos, ubicándose en un modesto sexto lugar entre los films más taquilleros y recaudando apenas 21,5 millones de dólares desde su estreno el pasado miércoles. No es la cifra que esperaban unos productores que invirtieron ciento cincuenta millones de dólares, y las críticas han sido matizadas pero no entusiastas. Hay un apoyo al respecto por aquí cerca.
Las opiniones de la crítica
Un cable de AFP, escrito con bastante mala leche, se complació en destacar las opiniones más negativas que el Alejandro de Stone recibio de la crítica. Se refiere al "guión pueril, trama confusa y actuaciones fuera de tono", objetadas por el New York Times. No es falso pero es unilateral: la nota habla también de la ambición del proyecto, y que la inventiva visual de Stone se exhibe en forma.
El Boston Globe se permitió ser más sarcástico: "Alejandro está lleno de brillos, y están todos en el pelo de Colin Farrel", sostuvo, a propósito del peinado del actor. Otro de los blancos fue Angelina Jolie: "Una combinación de Mata Hari y conde Drácula", dijo Variety. Quienes prefieran el análisis a la ‘boutade’ puede leer empero con más provecho la no demasiado entusiasta pero más atenta y matizada opinión de Roger Ebert, del Chicago Sun Times, quien se tomó su tiempo para examinar los pros y los contras de Alejandro: "No es un éxito, pero es ambiciosa y arriesgada, sin las trivialidades de Troya".