El candidato de la capital

Mientras que la opinión pública asiste a las primeras escaramuzas del flamante gobierno electo, centradas básicamente en la primitiva correlación de fuerzas, votos, y apoyos populares para acceder a cargos de poder, nuestro Partido Nacional transita por estas horas a tomar imprescindibles definiciones sobre cuáles serán los elegidos para disputar las diecinueve intendencias municipales en la elección de mayo. Lo que para alguno pareciera una infatigable e interminable campaña electoral, para los responsables de asumir una oposición constructiva es nada más ni nada menos que la culminación de un proceso de renovación emprendido por los blancos en los últimos cinco años. Es igualmente importante resaltar que del resultado electoral de mayo surgirá el nuevo mapa de poder del Uruguay, que con las cartas a la vista es imprescindible equilibrar.

Los blancos aspiramos a una especie de cohabitación en el poder, definido no de la manera que se conoce el término en los regímenes con elecciones legislativas en la mitad del período de gobierno sino que a través de lo que permite nuestra Constitución Nacional, es decir compartiendo las decisiones con las administraciones comunales a lo largo y ancho de nuestro territorio.

Con esta trascendencia y con el objetivo de gobernar en dieciocho departamentos es que emprendemos esta tarea.

Si en el interior aparecen los problemas por la multiplicidad de expectativas y candidatos, en nuestra Capital el quid de la cuestión es justamente lo contrario: es encontrar un candidato con las suficientes credenciales que le posibiliten tener una digna presentación en el feudo más cautivo y tradicional del Frente Amplio.

En primer lugar, el Frente no postulará ningún peso pesado; hasta ahora los Intendentes de izquierda han sido nada más ni nada menos que el Dr. Vázquez y su carisma y el molde de Intendente de Montevideo que el Arq. Arana le ha dejado su gestión. En ambos casos y por causas bien distintas, la aprobación a sus respectivas gestiones ha sido inversamente proporcional a sus logros de gobierno, obedeciendo fundamentalmente al peso político que ambas figuras tienen en el laberinto orgánico de la izquierda nacional.

Hoy es bien distinta esta realidad y probablemente el aspirante al primer sillón de Montevideo se dirima entre perfectos desconocidos o figuras más grises que carismáticas.

Y en segundo termino, sabemos el significado del desgaste, 15 años sobran para cambiar una ciudad como la nuestra y es evidente que la IMM hace agua por todos lados. Ni respeta sus convenios sindicales, ni descentraliza, ni desburocratiza, ni ilumina, ni limpia, ni baja los impuestos, ni arregla las calles.

Con números y ejemplos muy variados vamos a tener centenares de argumentos para contrarrestar esta lamentable realidad.

Por tanto entendemos que para que nuestra presentación política sea lo suficientemente atractiva y apabullante, los blancos de Montevideo deberemos hacer las gestiones para colocar una primerísima figura como candidato único, de esas que no hace falta ninguna presentación, un dirigente al que se le pida el sacrificio para poder con su prestigio y sus antecedentes como estadista lograr un apoyo extrapartidario que lleve a una importante renovación de los cuadros capitalinos en la Junta Departamental.

Por suerte nos sobran compañeros y compañeras con estas características, sólo hace falta entusiasmarlos.

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