Yasser Arafat: un clandestino convertido en figura emblemática

París - Figura emblemática desde hace más de 30 años, el presidente palestino Yasser Arafat, cuyo estado de salud es seguido día a día por la prensa mundial, pasó buena parte de su vida en la clandestinidad y el anonimato.

Arafat fue el primer dirigente palestino en salir a la luz pública - al menos parcialmente - cuando en abril de 1968 fue nombrado portavoz oficial de una organización desconocida, el Fatah, de la cual fue uno de los fundadores en los años 50.

Durante sus años en Jordania o en El Líbano (1960-1970), entrevistarlo era generalmente un hecho fortuito, incluso después de insistentes demandas.

Después de esperarlo durante horas en un edificio del barrio palestino de Beirut, aparecía a medianoche, de repente, para denunciar los ataques israelíes contra los campamentos palestinos o para reiterar que los refugiados no renunciarían jamás a Palestina.

Varios años después, en 1987, en Bagdad, el estilo para una entrevista de Arafat no había cambiado en absoluto: dos días de espera en un hotel, y de repente, la llegada a toda velocidad de un coche repleto de guardaespaldas, un recorrido por la calles de Bagdad para llegar a una residencia.

Nueva espera antes de ver llegar a Arafat, en tenida militar y kefía, sonriendo y con la mano tendida.

El té estaba ya preparado y Arafat lo mezclaba cuidadosamente con miel

antes de comenzar a hablar. "Jamás habrá conferencia de paz sin la OLP" afirmaba resuelto.

Hasta los años 1970, sus fotos eran escasas y sólo se le veía como uno de los jefes de un pequeña guerrilla palestina de la que no se sabía mucho, pero que era recibido en Argel, en Moscú y en Pekín.

Con los enfrentamiento de 1970 con el ejército real, en Jordania, se convirtió súbitamente en un personaje de primer plano en el Medio Oriente, aunque para los periodistas seguirlo era una odisea.

Escapó a un atentado en el sur de Siria, cuando se le creía en un campamento palestino al norte del Líbano.

Perfectamente habituado a la clandestinidad, no dormía nunca dos noches en el mismo lugar o aparecía donde no se le esperaba y a una hora imprevista.

Llevaba a veces la kefía, una gorra militar o incluso una chapka.

Cuando Ariel Sharon trató de capturarlo durante el sitio de Beirut, en 1982, sus métodos de clandestinidad dieron pruebas con creces de su eficacia.

Después de dos meses de acoso israelí, el 30 de agosto, los francotiradores de la Legión extranjera francesa lo evacuaron por el puerto de Beirut desde un edificio vecino que fue sometido a estrecha vigilancia de los servicios secretos israelíes.

El gran acontecimiento que habría de convertirlo en alguien frecuentable dentro de la comunidad internacional, fue su discurso ante las Naciones Unidas, el 13 de noviembre de 1974.

Arafat apareció en la madrugada en Nueva York y se dirigió directamente a la sede de la ONU aún desierta a esas horas.

En una escena un tanto irreal se le vio caminar por los corredores del edificio internacional acompañado de cuatro personas, recién afeitado, tocado con su kefía y vestido de una chaqueta clara y un pantalón oscuro.

Visiblemente emocionado y feliz declaró a un periodista "estoy aquí por Palestina".

Unas horas más tarde, declaraba ante la asamblea general: "He llegado trayendo un ramo de olivo y un fusil de revolucionario. No dejéis que el ramo de oliva caiga de mi mano".

AFP

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar