Fernando Manfredi
Tiene 22 años y un deseo a flor de piel de plantear sus propias opciones. Pero más allá del impulso propio de su juventud, Marcelo Rilla está viviendo intensamente un momento muy especial de su vida en la música. Convocado nuevamente por el Coro Juvenil Mundial viajará para la temporada de invierno de esta consagrada agrupación a fin de presentarse en Bélgica donde interpretarán un programa muy especial.
Marcelo Rilla es el primer uruguayo en recibir la distinción de participar en las temporadas de verano e invierno del Coro Mundial Juvenil, esto no sólo implica un esfuerzo artístico, también lo es económico. Es bueno tomar eso en cuenta porque el apoyo que reciba también servirá para que nuestro país esté representado en un evento singular.
—¿Qué puedes decir acerca de tu primera participación en el Coro Mundial Juvenil?
—El Coro Mundial Juvenil es un proyecto que tiene más de 20 años y fue originado en Bélgica por Juventudes Musicales. Realiza dos giras por año, una de verano, fuera del continente europeo y otra de invierno que se realiza en Bélgica.
—¿Cómo se efectúa la selección del los integrantes de ese Coro?
—Para la Summer Session que este año se presentó en Japón y Corea se formó un conjunto de 100 personas. Se hace una preselección en cada país. A los seleccionados luego se los graba y el resultado se envía a Bélgica donde es procesado por un jurado internacional. Para integrar el Coro te pagan la estadía menos los pasajes. En este aspecto tengo que agradecer el apoyo del Ministerio de Educación y Cultura, La Intendencia y la comisión de la Unesco.
—¿Qué pasa por la cabeza de uno cuando se encuentra en un lugar tan especial?
—Uno no sabe qué esperar, con qué se va a encontrar, que es lo que piensan los demás que también han sido seleccionados. El primer impacto fue el viaje, sentirse tan lejos es removedor. Los europeos no lo sentían como nosotros porque están más acostumbrados a estas experiencias. Una de las cosas que más me conmovió fue el contacto muy estrecho con los participantes de Oriente. Era increíble acompañarlos a sus templos y verlos transformarse. Creo que los uruguayos deberían presentarse con mayor regularidad a estos concursos porque no existe un desnivel demasiado pronunciado con los europeos.
—¿Pero ahora tienes una experiencia más?
—Sí, voy a integrar la Winter Session que se realiza en Bélgica y es una formación de sólo 36 integrantes y con la que vamos a interpretar Polifonías Venecianas del siglo XVII, obras de Giovanni Gabrielli que tienen la particularidad de ser coros dispuestos espacialmente.
—¿Qué diferencias notaste en lo que trabajaron y como se trabaja en nuestro país?
—En sí la técnica es la de lectura a primera vista, cuando el director llega ya debe estar todo preparado. Se me ocurre comparar este estilo con la dirección de una orquesta, en la que el regente mantiene una distancia afectiva con los coreutas. En el caso de este año se alternaron un director alemán y uno americano. El programa con el americano fue de gospel y el del alemán, de música contemporánea. El trabajo con el americano fue muy especial puesto que tocaba al mismo tiempo el piano y se manejaba para las indicaciones muchísimo con la mirada.
—¿Cómo fue el relacionamiento con el público?
—Yo diría que más fue la del coro que en general se sintió menos motivado con los coreanos. Pienso que era más una impresión que un hecho real. En cambio el relacionamiento con los japoneses fue muy removedor porque sus reacciones fueron también muy expresivas.
—¿Cuáles son tus planes luego de esta nueva participación en el Coro Mundial Juvenil?
—Estoy estudiando en la Escuela Universitaria de Música, Composición, Dirección Coral y Dirección Orquestal. Tengo una agrupación coral denominada Eusebius. No sé lo que pasará pero después de haber trabajado a nivel coral de la manera que lo hice, siento que me gustaría hacer una regresión y plantear una manera más humana de tratar los coros no marcando distancias sino precisamente más cerca de la gente.
Tres carreras para una
Marcelo Rilla inicia sus estudios de piano antes que los escolares con su tío Pablo Rilla. En 2000 ingresa en la Escuela Universitaria de Música en las disciplinas de Dirección Coral, Dirección Orquestal y Composición.
En la Escuela es alumno de Sara Herrera en dirección coral, de Federico García Vigil en dirección orquestal y de Osvaldo Budón en composición.
Sus estudio de canto los ha realizado con Laura Baranzano y Sara Herrera.
Es auxiliar en la cátedra de dirección coral por 1 año. También está a cargo de tres grupos en la materia Taller de Lectura sobre Teclado (los primeros dos semestres).