Embates delictivos y transformación en la Policía Nacional

Aunque tuvo un lugar muy acotado en la campaña electoral, la seguridad pública ocupó el centro de las preocupaciones de los uruguayos en estos cinco años. El aumento de delitos violentos, el surgimiento de formas incipientes de crimen organizado, algunas acciones violentas aisladas como los saqueos en 2002, virulentos motines carcelarios, fueron algunos de los episodios que jalonaron la realidad uruguaya en este quinquenio.

Como contrapartida de ello la Policía Nacional inició un proceso de adecuación a los nuevos tiempos. Algunos cambios llegaron a las estructuras más antiguas de la organización policial, otros estuvieron dirigidos a mejorar la imagen de los funcionarios frente a la población.

También en consecuencia del incremento de los delitos hubo un aumento de la población carcelaria, que en este período alcanzó cifras récord superando los 7.000 presos en todo el sistema carcelario.

La sensación de inseguridad, un tema recurrente para los medios, las empresas encuestadoras y las propias autoridades, fue fomentada por estos fenómenos y aún por otros que al inicio de la actual administración ya se habían extinguido. Tal el caso de las denominadas superbandas, cuyo auge se registró entre los años 1995 y prinicipios de 2000. Con los 64 principales integrantes de estas organizaciones delictivas en prisión al principio del mandato del presidente Jorge Batlle.

CAMBIOS. La Policía había comenzado un proceso de readecuación de su organización. La discusión entres los propios oficiales superiores de la Policía Nacional, principalmente a partir del congreso del Círculo Policial de 1984 donde de algún modo se trazaron las líneas directrices que luego seguiría el proceso de reestructura. La necesidad de una mayor profesionalización del cuerpo, un proceso de formación más exigente para los oficiales, la regionalización del servicio en todo el país, el nuevo papel de las comisarías como unidades básicas y el estrecho contacto entre el policía y el vecindario donde actúe fueron los ejes de estos planteos.

El Ministerio del Interior comenzó a impulsar cambios dentro de las estructuras policiales tras la asunción del doctor Didier Opertti, en marzo de 1996. En febrero de 1998 la cartera fue asumida por Luis Hierro López por un lapso de siete meses, hasta que el escribano Guillermo Stirling fue confirmado como ministro del Interior el 10 de octubre de 1998.

COMISARIAS. La Jefatura de Policía de Montevideo fue, en buena medida, el banco de pruebas para el modelo que la fuerza aún pretende consolidar.

En esta primera etapa el acento estuvo puesto en las comisarías, bases desde las que la Policía comenzó a tender puentes hacia los barrios montevideanos. Desde el Ministerio del Interior, con la activa participación del propio ministro Guillermo Stirling por un lado, y el apoyo del Programa de Seguridad Ciudadana, se comenzó a tejer la red de comisiones de seguridad barrial integradas por vecinos, comerciantes e integrantes de instituciones barriales.

La segunda etapa de este proceso se inició en noviembre de 2003, con la creación de los distritos policiales. Estos ocho distritos reagruparon a las 24 comisarías seccionales en jurisdicciones mayores y, a su vez, divididas por áreas de especialización: patrullaje, detectives y proximidad.

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