Locura Nacional

| Ya en el primer tiempo se oyó el "dale campeón" y el "minuto de silencio" para el tradicional rival

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EDWARD PIÑON

Los que se pegaron al tejido. Los que se quedaron todo el partido parados. Los que se pintaron de punta a punta de rojo, azul y blanco. Los que fueron de traje al palco del Parque Viera. Los que llevaron a sus hijos. Los que pidieron una "ayudita" para la entrada. Los que pagaron la vuelta de café. Todos, absolutamente todos, al compás del ritmo que marcaron las camisetas y banderas surcando el aire, reventaron sus gargantas.

Y por eso, además de pintar las tribunas con sus colores, los hinchas de Nacional desataron un estruendo tras otro para celebrar, desde minutos antes que comenzara el partido, la conquista del Torneo Apertura.

Y cantaron todos. Y de todo. Volvieron aquellos éxitos del 98, cuando Hugo De León llegó a Nacional para cortar una racha triunfal de su viejo adversario. Estuvieron los hits del tricampeonato 2000-2002 y también los nuevos, esos que al compás del tamboril hace poner de pie hasta el espectador más tranquilo.

LA BARRA. El fervor tricolor arrancó a la hora 15.11, el momento preciso en el que la barra brava ingresó a la tribuna Jorge Barrios. Abriéndose paso entre sus pares que ya desde antes poblaban ese sector y desfilando como un conjunto carnavalero, los fanáticos encendieron la mecha del frenesí.

La explosión no demoró ni un instante. El "¡Dale bo..., dale bo... Que tenemos que ganar! ¡Dale bo..., dale bo... La vuelta vamos a dar!" sacudió el cemento, mientras centenares de papelitos decoraron la entrada triunfal de los más bullangueros. De ahí en más ni un respiro a los pulmones. Y mucho menos a los que quisieron aprovechar un poquito el sol antes del comienzo del cotejo. Porque la invitación a participar fue constante. Por ejemplo, con el "hay que saltar, hay que saltar. Esta es la hinchada... de Nacional". Más aún, cuando apareció el primer recuerdo para el enemigo de todas las horas: "Se quedó con las ganas de salir campeón, pobrecito, pobrecito Peñarol".

EL CLAN. Y si algo faltaba para que el hincha expresara su absoluto respaldo, los jugadores le dieron un empujoncito a la hora 15.21, cuando culminó su calentamiento dentro del campo de juego y formaron una especie de clan por 30 segundos. No hubo ni un solo hincha que se quedara sentado en su lugar. Y el "vamos, vamos Nacional. A vos te quiero, vos sos mi vida. Vamos a la cancha a alentar, aunque no quiera la Policía. Vayas a donde vayas, a todas partes iré contigo. Vamos los bolsos, vamos a ganar, queeeeee... la vuelta vamos a dar" contagió a niños y grandes.

SE VINO ABAJO. Como las invitaciones fueron bien recibidas, porque hasta los más "vagos" para acoplarse al cántico terminaron acompañando con sus manos, los gargantas siguieron al rojo vivo.

Claro que la mayor carga de emoción la produjo el ingreso del equipo a la cancha. Apenas pisaron el césped los primeros hombres tricolores, una tormenta de papelitos y petardos movió los cimientos del campo de juego de Wanderers y simultáneamente apareció otra dedicatoria a Peñarol: "El bolso va a salir campeón, el bolso va a salir campeón. Se lo dedicamos al manya, la r...".

LOS GOLES. Pero si loco fue todo el preámbulo, ni que hablar lo que pasó a partir del minuto 15. Instante preciso en el que Sebastián Abreu empalmó de zurda y de media vuelta un balón que terminó incrustándose en la red de Diego Irigoyen.

Los gordos y los flacos. Los viejos y los niños. Las madres y las que fueron solas. Los canosos y los pelados. Los que fueron con gorro. Los que se hicieron un gorro con el pañuelo, anudando las cuatro puntas. Los que estaban degustando un helado. Los que recién habían pedido un café. Los que se aflojaron la corbata. Los que seguían con el traje y hasta el chaleco puesto. Todos, absolutamente todos, desataron su "locura Nacional". Se abrazaron con el primero que se les puso adelante. Apuntaron con sus brazos al cielo y le dieron otro latigazo a sus cuerdas vocales: "Olé, olé, oleee... Locooo, locoo".

Ese acto se repitió dos minutos más tarde. Porque Abreu la volvió a guardar a los 17 minutos. Y la escena tuvo otro bis, aunque esta vez con otra banda musical de fondo, porque como fue el "Cacique" Medina el autor del 3-0 parcial, la hinchada respondió con un bombardeo de cánticos hirientes hacia el carbonero y con un festejo imparable. Primero vino el "palo, palo, palo... Palo bonito, palo es.. Eh, eh, eh... Somos campeones otra vez". Después llegó el "¡dale campeón, dale campeón!". Y más tarde el "eah, eah, eah... Un minuto de silencio, para el manya que está muerto".

Nacional es el campeón del Torneo Apertura. Sus hinchas coparon y disfrutaron del Parque Viera. Y se fueron cantando. Todos. Los altos y los bajos. Los de brazos tatuados y los más clásicos. Los que se fueron caminando y los que subieron a sus autos. Los que consiguieron trofeos por su incursión a la cancha y los que se quedaron con bronca porque esos les cortaron la vuelta olímpica.

La invasión le quitó el brillo

Al final, tras el pitazo de Martín Vázquez, el festejo no tuvo la intensidad que se podía esperar. Lamentablemente, desde la tribuna Jorge Barrios ingresaron a la cancha decenas de hinchas tricolores y los jugadores de Nacional se fueron del campo de juego sin dar la vuelta olímpica (aunque estaba acordado entre ellos no efectuarla) y tampoco pudieron recibir la copa del Torneo Apertura.

El tema pudo ser mucho más grave que el simple afeamiento de una celebración, porque hubo algunos futbolistas, como Carlos Valdez, que fue rodeado por cinco o seis hinchas deseosos de llevarse un trofeo de guerra. El jugador no tuvo más remedio que aflojar y entregar la camiseta y recién pudo retirarse de la cancha cuando un parcial de Nacional lo ayudó para que se dirigiera hacia el vestuario.

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