Los grupos de presión

A principios del siglo XX comenzó el uso corriente de esta terminología, usada desde tiempo atrás especialmente en los EE.UU. ("Pressure Group"). No existe una definición adecuada para ellos, pero su significado es claro, aunque de amplio espectro: una categoría social, un poder económico, una ideología, un conglomerado de intereses comunes, actúan ante los poderes públicos, para que las decisiones de éstos se conformen a sus intereses, deseos, ideas o conveniencias. Lo vivimos con frecuencia en nuestro país.

Sus reglas de juego son variadas en forma, lugar y tiempo, y se manifiestan de manera permanente o accidental. La opinión pública no aceptará algunos de esos grupos —fuertes intereses económicos, por ejemplo—, pero no estará en contra de movimientos relativos a temas sociales, pasividades, salarios, derechos humanos y similares. La acción de un conjunto de individuos con características y fines comunes, puede manifestarse de maneras muy diversas. Desde planteos y presiones personales, hasta amenazas, medidas de fuerza, comunicados en los medios, sobornos y violencia. En este último caso se trata de actos variados y esporádicos, que se desvanecen una vez desaparecido el motivo o logrado el propósito buscado.

HAY sectores sociales, económicos y hasta políticos que tienen mayor facilidad para agruparse, para el logro de sus intereses y que tienen mayor fuerza (productores, distribuidores, trabajadores) y otros que carecen de organización y apoyos permanentes (consumidores, amas de casa, arrendatarios de casas, adultos mayores, artesanos, y similares).

No hay que confundir grupos de presión con grupos de interés común, como las cámaras, sindicatos y otros que son permanentes, pero que pueden convertirse en grupos de presión por un motivo ocasional, aunque su poder está siempre latente. Existen asociaciones y conglomerados de enorme fuerza e importancia.

El caso de sectores rurales de Europa, petroleros, azucareros, médicos, bancarios, tabacaleros en todos los países, incluso el nuestro, empresas gigantes multinacionales, grandes espacios de venta, sindicatos politizados, gigantes tecnológicos, etc. Entre los más modernos y exóticos, los verdes, los antiglobalización, los del "orgullo gay", los antiliberales, y los que acoplan a ellos.

LA forma de proceder de algunos grupos irritan a la opinión pública, cuando actúan con medios que pueden comprometer la tranquilidad, la seguridad y el trabajo, cuando ocupan complejos hospitalarios y educativos, o cuando paralizan los transportes de improviso, dejando de rehenes a la población. Además sus métodos de presión varían en forma creciente a través de la difusión, las amenazas, el "chantaje", la junta de firmas, las visitas "puerta a puerta", la financiación de partidos políticos, "las máquinas de impedir", los sabotajes, y hasta la creación de pánico bancario y de desconfianza. Muchas veces se buscan los riesgos de colisión con las fuerzas de seguridad, para crear situaciones límites y hasta "mártires".

Otras, métodos sutiles, como regalos de fin de año, "amistades", afirmaciones tendenciosas, calumnias, insinuaciones, invitaciones, etc.

La fuerza de los grupos de presión se mide a través de la confusión que pueden provocar en la población y hasta en los poderes públicos. Y sus resultados dependen de la oportunidad, la confianza del pueblo en sus gobernantes, de su poder de regateo, de su fuerza económica y financiera y de su organización interna y sus alianzas.

FINALMENTE, no hay que confundir a los "lobbistas" o camarillas que se mueven disimuladamente, con aquellos que surgen ante una situación especial, cuyos métodos, aunque sean violentos, pueden carecer de la fuerza de persuasión de aquellos. De todas maneras, la mayoría de los grupos de presión, permanentes o accidentales, en muchos casos, alteran el orden normal de una nación. El ejemplo lo tenemos en estos tiempos preelectorales en nuestro propio país.

"Gastando" a cuenta

El presidenciable del Frente Amplio sigue "gastando" a cuenta en sus distintas apariciones públicas, trasmitiendo en sus discursos, a veces improvisados, otras leídos, distintos puntos, de ellos el asunto de la sede del "futuro" gobierno y la residencia del "futuro Presidente". Resulta que el Dr. Vázquez ya aseguró que en el caso de "llegar", no ocupará el edificio Libertad dejándolo para la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Por otra parte llevará las oficinas de la Presidencia a la actual residencia presidencial de la avenida Suárez y como quien no quiere la cosa, se adelantó a decir que seguirá viviendo en su actual casa del Prado. De todo, lo único seguro es que seguirá viviendo en la casa del Prado, como lo hace actualmente. Lo otro será un enorme gasto si llegara, semejante o mayor al de la Torre de Antel.

Sin autoridad

Los dirigentes gremiales que aparecen postulados en las listas del Frente Amplio y son bastantes, con estas candidaturas han perdido toda autoridad para opinar desde el punto de vista gremial.

El hacerlo significa que están hablando por el Frente Amplio y no por el gremio. Así está pasando con el señor Castillos en la lista comunista, el señor Fernández en la socialista y el señor Ramos en la de Asamblea Uruguay.

El nuevo paso que han dado, los anula como dirigentes sindicales. Y no tendrán más remedio, si es que salen electos, que dejar "paso a la juventud".

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