Más de 3.000 soldados estadounidenses e iraquíes lanzaron una operación de envergadura contra los rebeldes en el sudoeste de Bagdad, en la que arrestaron a 30 sospechosos, en una nueva jornada de violencia en Irak.
Horas antes del ataque norteamericano, el primer ministro iraquí, Iyad Allawi, había anunciado nuevos planes para erradicar la violencia antes de las elecciones generales de enero próximo.
En ese marco, las fuerzas estadounidenses e iraquíes lanzaron ayer una operación contra los rebeldes en el sudoeste de Bagdad, arrestando a 30 sospechosos, según un comunicado de la Fuerza Multinacional.
Mientras tanto, en el terreno, la violencia seguía azotando al país: dos coches bomba estallaron en Ramadi, al oeste de Bagdad, con los que murieron cuatro iraquíes civiles; otros cuatro iraquíes fueron asesinados por un grupo de hombres armados que disparó sobre el automóvil en el que viajaban en Latifiyah, 40 kilómetros al sur de Bagdad, y en Mosul, en el norte, al menos tres civiles murieron en un combate, tras un atentado con coche bomba contra un convoy militar estadounidense en el barrio de Yarmouk, según fuentes locales. Por otro lado, dos cuerpos decapitados fueron hallados hoy en Mosul.
En tanto, las bajas norteamericanas llegaron a 1.056 con la muerte de un soldado por la explosión de una bomba al paso del convoy militar cerca de Bagdad, indicó el ejército estadounidense.
Por otro lado, una polémica estalló al más alto nivel en Polonia, que está al mando de una fuerza multinacional de 6.000 soldados entre ellos 2.500 polacos. El ministro de Defensa, Jerzy Szmajdzinski, declaró ayer que el gobierno fijará dentro de poco la fecha de esa retirada. AFP