Un gran amanecer por la Filarmónica

FERNANDO MANFREDI

La Orquesta Filarmónica de Montevideo con los auspicios del Mozarteum y la embajada de Brasil presentó el pasado lunes en el Teatro Solís un concierto denominado "El Pianista". Con la dirección de Carlos Weiske y la actuación como solista del pianista brasileño Amaral Vieira, se presentó un programa que incluía, en la primera parte: Obertura de los Los Maestros Cantores de Richard Wagner, Andante Spianato y Grande Polonaise Brillante op.22 de Frédéric Chopin y Alvorecer do Seculo da Humanidade de Amaral Vieira y Sinfonía No. 4 de Robert Schumann.

Fue muy notoria la expectativa que este concierto despertó en los aficionados, por cuanto las instalaciones del renovado Solís, lucieron repletas. Un estreno y la presencia como intérprete del mismo de su compositor, no se dan todos los días. El programa también resultaba atractivo, de modo que todos los ingredientes estaban dados para asistir a una velada memorable. Y por cierto que lo fue: desde el comienzo una sólida Filarmónica desarrolló con solvencia la clásica obertura de los Maestros Cantores, dirigida con buena lectura por parte de Carlos Weiske.

Luego se presentó Amaral Vieira, figura connotada en su país y a nivel mundial. Antes de su obra ejecutaría el Andante Spianato y Grande Polonaise Brillante op.22. En ella el prestigioso visitante demostró su capacidad como tecladista. Sutil técnica, bravura administrada con precisión milimétrica, sensibilidad en el fraseo y una solidez tal que la intrincada partitura de Chopin parecía transcurrir con una fluidez natural. Así surgió con inusual claridad esa delicada armonía y ese lirismo sutil del Andante Spianato con ese aire casi de nocturno, traducido a la perfección por Amaral Vieira. En la Polonesa, orquesta y solista vibraron alcanzando el tono justo para esta danza estilizada.

Fue una muy buena preparación para lo que vendría después. Y fue algo que colmó las expectativas, porque Alvorecer do Século da Humanidade, una fantasía para piano y orquesta sinfónica es realmente una obra hermosa, muy bien escrita y de profundas connotaciones. Obviamente en ella brilla el piano desprendiéndose de los pasajes de gran virtuosismo, la capacidad de quien los escribió. Una orquestación rica y bien dimensionada dialoga sin predominancias con el solista a partir de una célula inicial prefigurada en las cuerdas bajas. El movimiento progresa hasta alcanzar una dinámica orgiástica que culmina la obra con la orquesta a pleno. Es difícil resumir en notas el trascendente pensamiento de Daisaku Ikeda, cuya búsqueda de la paz es razón de vida que condiciona su movimiento, pero Amaral Vieira logra trasmitirnos esa sensación de caminos abiertos, de visiones esperanzadoras y reivindicativas de la condición humana. La condición tonal de la obra cae como anillo al dedo en esa pintura armónica de un mundo que puede ser distinto en la manera en que los hombres procuremos reconstruirlo.

Prolongados aplausos coronaron una ejecución impecable, bien trabajada y con una Filarmónica concentrada en todas sus líneas. Amaral Vieira, ejecutó un bis consistente en una de sus tocattas para piano que demostró su alta factura como creador. La Sinfonía No. 4 de Schumann fue un corolario muy disfrutable en una noche que lo tuvo todo.

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