El presidente de Hípica Rioplatense dijo que a la empresa le preocupaban los apostadores compulsivos o adictos al juego ya que constituían un problema tanto para sus familias como para la sociedad.
Cánepa dijo que para este grupo de apostadores, estimado entre el 1.5 y 2% del total de sus clientes, se están pensando programas específicos para alejarlos de las salas de juego.
—Hay quienes cuestionan la cantidad de tiempo que alguna gente pasa frente a las máquinas tragamonedas.
—Lo que nos preocupa no es tanto el tiempo que pasan jugando, sino el caso de la gente que juega lo que no puede jugar.
—¿Y es posible determinar quiénes son los que juegan lo que no deberían y tienen una dependencia del juego?
—Generalmente son el 1,5% o 2% del total de jugadores.
—¿Y cuál es la actitud de ustedes hacia ese cliente específico?
—Queremos lograr que esa gente no venga, porque es un problema para el apostador, para su familia y también lo es para nosotros.
—¿En qué han pensado?
—Yo soy presidente de la Asociación Latinoamericana de Juegos de Azar y estamos trabajando con la American Gaming Association y la Universidad de Harvard en un programa de pronta detección y tratamiento de estos casos de dependencia, que se presentan en personas con perfiles autodestructivos. Y ese programa trabaja con estas personas para lograr que ellos mismos se inscriban en listas para que se prohíba su ingreso a estas salas. Lo que ocurre es que mientras en el circuito formal hay controles, en las salas ilegales de máquinas tragamonedas que funcionan en todo el país no hay control alguno.
—Ustedes han reclamado insistentemente más controles en esa materia.
—Los procedimientos se hacen pero las máquinas están en la calle de nuevo a los pocos días, porque el juego clandestino es, en Uruguay, apenas una contravención. Hace falta endurecer las penas. Y no me lo cuentan, lo veo.
—¿Dónde?
—Acá, frente al hipódromo, hay salas de máquinas tragamonedas que son ilegales. Y he visto a menores jugando. Lo ve cualquiera que lo quiera ver.