Deja helado

El volumen total del agua en nuestro planeta asciende a 1.350 millones de kilómetros cúbicos. De ese total el 97,3% es agua salada en los mares y océanos y solamente el 2,7% agua dulce. La mayor parte de esta última (2,04% del total) está retenida en forma de hielo en los casquetes polares y los glaciares. Cuando se lo compara con el volumen de los océanos y mares, ese volumen de agua almacenada en forma de hielo puede parecer insignificante. Sin embargo, es un elemento clave para la dinámica oceánica (por ejemplo para la salinidad, la temperatura de las aguas y el régimen de las corrientes) y el nivel del mar.

En ese complejo sistema, que todavía encierra muchas incógnitas, la Antártida tiene un papel fundamental. Acumula el 90% del hielo y el 70% del agua dulce de nuestro planeta. Sus glaciares cubren una amplia masa continental y en algunos puntos tiene una profundidad de casi cinco kilómetros. Otra región importante es Groenlandia, donde los glaciares cubren 1,7 millones de kilómetros cuadrados y alcanzan profundidades de tres kilómetros. No es sorprendente, entonces, que los científicos sigan con gran interés el comportamiento de los hielos de las regiones polares y los glaciares. En la actualidad realizan estudios sobre la dinámica de las mesas de hielo antárticas los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.

En los últimos años su atención se concentró en la Antártida. Allí el calentamiento global produjo la desintegración de varias mesas de hielo en torno de la península antártica, entre 1995 y el 2002. En este año último se produjo el colapso de un amplio sector de la mesa de hielo de Larsen, en el Mar de Weddell. Este fenómeno estuvo asociado con un aumento en el flujo desde los glaciares cercanos y una significativa disminución de su altitud (en algún momento la disminución de altitud fue de 38 metros en un período de seis meses). Los científicos consideran, primero, que el aumento en la temperatura global derrite a las mesas de hielo en las aguas próximas al litoral antártico; segundo, que esas mesas de hielo contienen a los glaciares continentales; tercero, que su desaparición aumentará la velocidad a la cual se derriten los glaciares; y, finalmente que este proceso terminará por afectar el nivel del mar. Si bien los glaciares en la región de Larsen son demasiado pequeños como para tener un efecto relevante sobre el nivel del mar, ofrecen un indicio de cómo el cambio climático (temperaturas más altas) podría estar afectando a los grandes glaciares ubicados más al sur. Por ejemplo, revelan, en pequeña escala, lo que podría suceder si se produjera el colapso de la mesa de hielo del mar de Ross.

Un proceso similar parecería estar teniendo lugar en algunos de los principales glaciares situados en otras regiones del planeta. Incluyendo América Latina, desde Chile y Argentina hasta el Popocatépetl, en México. Estos glaciares solamente representan una proporción pequeña de la masa total de hielo, pero igualmente tienen una importancia considerable. Como parecería haber sucedido en la Antártida, el proceso de rápido retroceso de estas masas de hielo continentales se aceleró en el año 2000.

Las observaciones en la Antártida y los glaciares continentales parecen confirmar la hipótesis de que en nuestro planeta se está produciendo un cambio importante del clima global que solamente puede ser explicado por el impacto acumulado de las emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. Esos gases son el producto de la combustión de carbón y petróleo.

Ante esta evidencia, y muchas otras indicaciones, asombra que todavía existan países que insisten en no adherirse al Protocolo de Kyoto.

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