¿Presidente "part time"?

LO dicho por el Dr. Vázquez en el sentido de que, en caso de ser electo presidente, no dejará de ejercer la medicina, dedicándole a ésta cuatro o cinco horas diarias, puede ser interpretado de distintas maneras. No faltarán quienes en ello vean la expresión de una vocación irrenunciable por el ejercicio de su noble profesión. Si tal fuera la explicación, cabría preguntarse por qué el galeno no opta, definitiva y totalmente, por la actividad que —al parecer— lo atrae irresistiblemente y en la que sin duda se ha distinguido.

Otros dirán que se trata de una "boutade". O sea, de una ocurrencia ingeniosa, destinada a obtener réditos electorales. A seducir a votantes dispuestos a creer en una especie de hipercapacidad del candidato, que sería apto para atender eficazmente las exigencias del desempeño de la primera magistratura de la Nación y, todavía, sobrarle tiempo para no abandonar a sus pacientes. Menudearán, asimismo, los que interpreten sus palabras como una gruesa "gaffe". Gruesa y evidente, sin duda. En ningún país se ha visto ni se verá, trátese de una gran potencia o de una republiqueta de morondanga, un jefe de Estado de tiempo compartido. Dedicado una parte del día a los menesteres apremiantes del gobierno y el resto de sus horas a asuntos de ocupaciones personales, sean o no profesionales. Jamás se ha visto tal insensatez, en nuestro Uruguay ni en país alguno.

NOSOTROS, sin dejar de compartir este último enfoque, pues rompe los ojos la magnitud del error, advertimos en lo dicho por Vázquez un manifiesto desconocimiento del alcance de los deberes y obligaciones derivados de la investidura presidencial. De la responsabilidad enorme y absorbente que recae sobre quien la asume. El cual, hasta por un problema de imagen, no puede desdoblar diariamente su personalidad y ser solo de a ratos, el Presidente de la República. Durante el resto de la jornada tornaría a ser el ciudadano Vázquez. O sea, el galeno. Es inconcebible. Suena a chiste.

Pero no se crea que tal chanza está divorciada de la realidad. Vale decir, que se trata de palabras que se las llevará el viento, en el hipotético supuesto de que el Frente ganara las elecciones. Pues sépase, o no se olvide por quienes ya lo sabemos, que el postulante frentista ejerció de esa manera indebida su cargo de Intendente capitalino, entre 1990 y 1995.

REPARTIA su tiempo, en esos años, entre sus tareas profesionales y su concurrencia espaciada al palacio municipal, al que a veces asistía con el blanco atuendo propio de su profesión. Naturalmente, esa desatención de un cargo que por su naturaleza es y debe ser "full time", fue una de las razones por la que no lo ejerció con acierto y eficiencia.

Quiere decir, pues, que Vázquez ha sido sincero en esta manifestación. Tiene antecedentes que avalan su intención de ejercer el cargo presidencial de esa manera extravagante. Con lo cual suma, a todas las razones que existen para no votar a la coalición que él encabeza y que alberga varios grupos de filiación violentista y antidemocrática, otros dos motivos.

En primer lugar, no se debe llevar a la Presidencia de la República a una persona que desconoce el cúmulo de exigencias impuestas por su desempeño. No se trata sólo de que no tenga la preparación debida para ejercer tan alto y difícil cargo. De que carezca de los conocimientos que debe tener, por fuerza, un jefe de Estado. Conocimientos del mundo y del comercio internacional, así como en las disciplinas del Derecho, la economía y la administración. Se trata de que, por añadidura e insólitamente, piensa que los deberes de un primer magistrado son harto inferiores a aquellos que en la realidad recaen sobre el mismo. Aquí y en todas partes.

Yen segundo término tampoco se debe situar en el vértice del gobierno, en la cúspide del aparato estatal, a quien piensa desde ya, de buena fe, distribuir su tiempo entre sus obligaciones de gobernante y sus quehaceres médicos. ¡Cómo si el país no tuviera por delante un sinfín de problemas, a atender sin pausas! ¡Como si nos pudiéramos dar el lujo insólito de tener un presidente "part time"!

Imagínense los lectores, por un momento, lo que sería un gobierno donde el Ministro de Economía llamara al presidente ante una corrida bancaria, o el Ministro del Interior hiciera lo propio ante la inminencia de una huelga policial, y se le contestara, por el telefonista o secretaria de turno, que el señor presidente está en cierto sanatorio o clínica, y que dejó dicho que no retorna hasta el día siguiente. En un país en serio, gobernado responsablemente, no puede suceder tal cosa. Pero sí podría ocurrir —más bien, ocurriría— en un Uruguay gobernado por el Dr. Tabaré Vázquez y su cohorte.

CON toda razón le ha salido al cruce Jorge Larrañaga, para contraponer, a ese anuncio absurdo, su obvia decisión de ejercer la Presidencia de la República como única e ineludible ocupación y obligación de su titular. No se trata de un recurso oratorio fácil, para ganar el inmediato aplauso de sus auditorios multitudinarios, que rodean las tribunas nacionalistas a lo largo y ancho del país. Se trata de la necesaria contraposición de dos actitudes definitorias. La del candidato nacionalista, sabedor, por supuesto, de las apremiantes y enormes exigencias del honroso cargo que aspira a ejercer y ejercerá, y la del postulante frentista, que por desconocimiento de la magnitud del desafío que se ha impuesto, pretende ser presidente sólo de a ratos.

Es sorprendente e inadmisible, pero es así.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar