Vía aérea

Los uruguayos hemos adquirido un considerable conocimiento del mundo. De una sociedad compuesta por inmigrantes que traían consigo el recuerdo de las angustias y dificultades que los hicieron abandonar el terruño, nos hemos transformado, ahora, en una sociedad de emigrantes y de viajeros que se embarcan ansiosos de conocer lugares con más oportunidades, con mejores niveles de vida y más interesantes. Existen comunidades de compatriotas en puntos tan distantes como Sidney y Nueva Jersey. Todos sabemos, con mayor o menor precisión, que en las sociedades más desarrolladas el Estado suele ocuparse especialmente de tres grandes servicios públicos que se consideran emblemáticos. No solamente debido a su importancia intrínseca para los habitantes de ese país, sino como símbolos de la capacidad de administración y organización del Estado. Traduciendo a un lenguaje moderno el lenguaje de los mercantilistas, en aquellos países el Estado se esfuerza especialmente en asegurar que esos servicios funcionen bien, porque así contribuye a la prosperidad de su pueblo, fortalece la seguridad nacional y contribuye al prestigio internacional.

Los tres servicios son el Sistema Nacional de Salud, el ferrocarril y el Correo.

El Uruguay —en su persistente proceso de pauperización intelectual (un proceso mil veces más preocupante que la crisis económica) no ha sido capaz de crear un Servicio Nacional de Salud decente; arruinó su ferrocarril y ahora ignora olímpicamente la crisis fundamental en que se encuentra el Correo.

La esencia de la sociedad global en la que nos encontramos —y que tantas oportunidades suministra a las sociedades inteligentes que sepan aprovecharlas— depende de las comunicaciones. Es cierto que la electrónica y los sistemas satelitales (esta última un área donde, extrañamente, nuestro país sí ha avanzado considerablemente), suministran abundantes medios para la trasmisión de datos e imágenes en términos de tiempo real. El correo electrónico, también conocido por "emilio", es una maravilla que, hasta cierto punto, ha abolido las distancias que, hasta hace poco, separaban a las familias, las empresas y las audiencias. Sin embargo, al final del día, el sistema nervioso de las comunicaciones electrónicas debe ser complementado por un sistema circulatorio igualmente eficiente y económico, el cual es suministrado en gran medida por los servicios postales convencionales.

El Correo se encuentra en una posición muy especial. No solamente recibe, procesa y distribuye la correspondencia personal —con su enorme importancia— sino que también es el medio para transportar documentos, libros, periódicos y paquetes de diferentes tamaños. Los Estados Unidos, donde el legendario Postal Service es una institución nacional, exportan anualmente unas 819 millones de unidades postales. En el Reino Unido, la Royal Mail, con su librea de color escarlata, no solamente exporta cada año unas 582 millones de unidades postales, sino que también ofrece una amplia variedad de servicios, incluso en las regiones más remotas. El Correo alemán —Deutsche Bundespost— es una empresa diversificada cuyos intereses incluyen un servicio bancario, el Deutsche Postbank AG, que en el primer semestre de este año obtuvo beneficios de 289 millones de euros.

Un servicio de comunicaciones postales económico, abierto y adecuado es un medio eficaz para integrar a las sociedades en el dinámico mundo que nos rodea. Internet y la Web son un gran paso en esa dirección, al crear su misterioso y excitante mundo electrónico. Sin embargo dependemos del Correo de muchas formas. Todavía son más lo que no tienen acceso al email o que, simplemente, piensan que, con su fría impersonalidad tecnológica, no es un sustituto adecuado para una misiva personal. Precisamos del Correo para obtener libros y revistas en el exterior. El Correo es un puente de cultura e información con el vasto mundo de la ciencia, la tecnología o de los simples y muy legítimos intereses y pasatiempos personales.

A pesar de todo ello, nos damos el lujo de tener un Correo estatal que se debate en una situación de huelga casi permanente. Y ello nos hace cada vez más pobres.

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