LA PAZ | AP
Las autoridades llegaron el viernes y no encontraron interlocutores. A un costado de la plaza los campesinos aguardaban en silencio. Una hora después los funcionarios abandonaron Ayo Ayo, sin poder entablar diálogo.
El pueblo aymara que asesinó a su alcalde hace once días se niega a negociar con el gobierno y amenaza con extender su rebelión a toda la provincia si no son liberados los tres sospechosos del crimen, dijo ayer el dirigente Gabriel Pinto.
Alegan que se trató de "justicia comunitaria" por los cuatro años que les "robó el alcalde Benjamín Altamirano", señaló.
A Altamirano lo secuestró un grupo de vecinos en una calle de La Paz. Luego fue llevado a Ayo Ayo donde lo torturaron hasta la muerte, incendiaron su vivienda y su cadáver fue quemado en la plaza.
Sus cenizas aún permanecen como manchas en las piedras al pie del monumento al caudillo aymara, Tupaj Catari en la plaza del poblado a 87 kilómetros al norte de La Paz.
La viceministra de Participación Popular, Doris Alandia, dijo que el gobierno no "negociará el cumplimiento de la ley". Pinto alega que durante tres años "buscaron justicia en los estrados judiciales y nadie los escuchó".
Desde que ocurrió la tragedia, el pueblo de unos 7.000 habitantes mantiene el "código del silencio". Nadie delata a nadie por temor a represalias.
En Ayo Ayo el estado ha perdido control. La policía abandonó el pueblo por falta de garantías y el resguardo ha quedado a cargo de una "policía sindical" elegida por los pobladores. Tampoco hay autoridades municipales.
Pero el conflicto parece tener otros móviles. Desde las protestas de octubre del año pasado que derivaron en la muerte de 56 personas y la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, los indígenas viven una suerte de rebelión contra el Estado y las autoridades.
Los servicios de inteligencia investigan si grupos irregulares están alentando la violencia en las comunidades del altiplano. En octubre del año pasado se vieron a campesinos portando viejos fusiles máuser cuando un bloqueo de camino fue despejado por las fuerzas del orden. En esa ocasión murieron seis personas, dos soldados y cuatro labriegos en el poblado de Warisata, cerca de Ayo Ayo.