Hace casi cuarenta años, asumí compromiso partidario con Alberto Heber Usher y con su hermano Mario, para hacer fe en el destino nacional desde el movimiento "Herrera-Heber".
Allí y entonces, desde una casona que no existe más en el monumento "al gaucho" en Montevideo, me integré a las filas. No quiero sembrar confusión, pero —en aquel momento— nuestra lista era la 904, presidida por uno de los hombres a los que guardo para siempre en mis entrañas: don Martín Machiñena.
La lista la encabezaba Mario Heber —ilustre ciudadano y persona— y, en la oportunidad, Luis Alberto Lacalle, que no era "dotor", calificación que nunca le importó demasiado, iba en el pelotón. Pedaleando como siempre lo ha hecho.
En el tumulto de las circunstancias y de la dinámica de la vida, uno ha estado más cerca y más lejos, pero, como le decía en un acto popular hace poco, como ciudadano pido lleve a la guardia pretoriana con los estandartes al viento y visibles, porque de esa forma los legionarios no perdemos el sentido del rumbo.
Mi voto en Montevideo es por la lista 71, no gusto de hacer caudal —y nunca lo hago— desde este espacio por opciones políticas. Hoy me siento en el deber de hacerlo, dentro del margen de libertad de opinión que a lo largo de más de veinte años, nos ha dado el diario El País.
Es un voto por Lacalle. Juntos estuvimos años atrás. Juntos —tuve el honor en lo personal de que fuera a su lado— combatimos en el ejercicio del gobierno nacional de la república, que fue para el pueblo la bendición de Samuel. Juntos el que escribe y muchos más estaremos escribiendo en olor de multitud las páginas de la nueva jornada.
El Partido Nacional, fiel a sus tradiciones más severas, es el único partido político que va a las urnas bajo los pendones de una auténtica puja interna.
Allí vamos.
Porque esta es consigna sagrada.
Los programas, los hombres que son más programa que los programas, las dificultades, los sones del acaso: todo está bien. Pero el próximo domingo, por la soberanía de la patria, por la defensa de sus valores eternos, por la vibración americanista y antiimperialista, por el derecho y la justicia social, todo el Partido Nacional estará cerrando filas, tras quien sea elegido para investirse con la corona de laurel de César.
Es imposible ser prescindente en la instancia.
Por lo menos para quienes en el acierto o el error sentimos que la circunstancia histórica nos invita al esfuerzo.
Con Lacalle el pueblo vivió mejor. No se precisan al respecto más argumentos que los de la buena memoria.
La explicación es simple.
Inteligencia y trabajo. Yo no puedo estar presente siempre, porque no vivo de la actividad política. Apenas pude acompañar la "caravana de la victoria" en Maldonado y Rocha.
No sé si debo pero me tomaré el atrevimiento de hacerlo. Es arbitrario. Sobran recuerdos. Cuando terminamos en Lazcano, tres nombres vinieron a mi memoria. No sé si todos son de nuestra tribu. "Toto" Barrios, mayordomo de Arrarte en Paso de Mazangano, Brígido Lasso y José Urrutia. Al quebrar una lanza por la democracia, con atrevimiento no tengo dudas de que estamos —cerca o lejos— en dulce montón. Producción y trabajo.