HECHOS PEDAZOS

| La imagen del equipo, que no es tal, es cada vez más avergonzante. Los jugadores lucieron "muertos"

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BARRANQUILLA

Cada partido que pasa la situación es más grave. Y la imagen del equipo, que no es tal, que no aparece, luce más deteriorada y por momentos, duela a quien le duela, aparece hasta avergonzante.

Puede que esta vez en Barranquilla hayan incidido la humedad y los casi 40 grados de sensación térmica que dicen que había en la cancha. Pero, igual: para un cuadro que le hacen 9 goles en 3 partidos y que en el cuarto está perdiendo 3-0 a los 31’ del primer tiempo con la hinchada rival gritando "¡oleee! ¡oleee!" antes del final de los 45’ iniciales, no parece haber ningún tipo de atenuantes.

Es más, antes del final de la primera parte, no se sabía cuál era, en realidad, la imagen más dramáticamente veraz de lo que es esta selección: si la del equipo, "muerto", sin respuesta, sin atinar a frenar los embates de decenas de toques que armaron los colombianos por todos los rincones, o la del técnico, precisamente, al costado de la cancha, de cabeza gacha, ya sin gritar, ya sin ordenar nada, como aceptando que a esta altura de los tristes acontecimientos sólo se puede apostar a evitar una goleada, porque sería grosero hablar de aspiraciones de ir al Mundial de Alemania.

Una vez más quedó probado que el problema no pasa por si se utiliza una línea de tres o una de cuatro. En esta ocasión, Fossati pareció querer parar al equipo en forma más precavida, más cautelosa; así que empezó con línea de tres, pasó a una de cuatro con la inserción de Romero en la zaga a los pocos instantes, y hasta utilizó una de cinco cuando Delgado se recostó por la izquierda de la retaguardia, el mediocampo celeste no recuperaba la pelota en ninguna parte, y el equipo en su totalidad estaba totalmente perdido y, lo que es peor, hasta sin respuesta física, y espiritualmente entregado. Sin embargo, nada dio resultado.

Todo fue, incluso, hasta avisado. Porque a los 2’ Pacheco bajó solo una pelota en el área celeste sin que lo marcara nadie. Y a los 5’ repitió el plato. De modo que no extrañó que a los 17’ Herrera bajara un balón delante de Lembo para el propio Pacheco, y que el crédito barranquillero la mandara a guardar. Después fue Moreno el que, apenas 2’ más tarde, conquistó el segundo tanto ante la mirada helada de todo el fondo visitante. Y a los 31’ fue otra vez Pacheco el que empalmó un centro llovido desde la izquierda de su ataque y abrió por tercera vez la puerta del arco uruguayo.

Ya hacía rato que, con Uruguay sin poder armarse, sin pasar siquiera la mitad de la cancha, porque Canobbio deambulaba, Recoba no acertaba ni una sola maniobra personal ni un solo pase, y Chevantón quedaba colgado en el ataque, el partido estaba liquidado. Y, muy probablemente, quizá mucho más que eso: la aún tenue ilusión de clasificar estaba hecha pedazos.

Si acaso, el factor climático se puede tener en cuenta acá para decir que Uruguay "marchó al spiedo". Y no sólo por el calor. Es matemática, y sobre todo futbolísticamente imposible, que un equipo que pierde por 3 goles con Venezuela de local, después recibe otros 2 goles en menos de 20’ también en su casa ante los peruanos, y tras cartón se come cinco goles ante Colombia, que no tenía sus figuras principales, no cuenta con la más mínima posibilidad de ir a Alemania.

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