Dentro de un mes, exactamente, los uruguayos estaremos votando. Los que deseemos hacerlo, sin duda, porque el sufragio en las elecciones llamadas internas no es obligatorio. Pero no todos los que resolvamos votar decidiremos la misma cosa, ya que se trata de determinar el candidato único a la Presidencia de la República de cada Lema, según el programa constitucional del que se han apartado todas las colectividades menos la nacionalista. No ha elegido aún la ciudadanía esos candidatos, a pesar de lo cual sólo existe incertidumbre (que despejarán las urnas) acerca del que sostendrá nuestro partido. El doctor Tabaré Vázquez y el escribano Guillermo Stirling aguardan ya, impacientes, en el punto de largada, a su oponente blanco, que se sumará en último término a la competición porque viene por el camino más largo y al ritmo más lento de los pronunciamientos populares. ¡Siempre lo mismo con los blancos!
Tratemos de ordenar un poco las ideas, pues el asunto reviste la trascendencia de todo lo que tiene que ver con las instituciones.
Se puede o no estar de acuerdo con las disposiciones que establecen la candidatura presidencial única. Mientras no se las modifique, sin embargo, son mandatos fundamentales, como todos reconocen y a los que todos se ciñen. Esas cláusulas, no obstante, se inscriben en un conjunto armónico, que se completa nada menos que con las normas por las cuales se imponen las elecciones internas para "elegir" (artículo 77, numeral 12) o "seleccionar" (Disposición Transitoria "W") el candidato de cada partido. Elecciones internas, en el contexto de la Constitución y dentro de la terminología consagrada en nuestro Derecho Público, implican participación amplia de la ciudadanía en términos de pluralismo y competencia. Privada de esa clase de pronunciamiento del Cuerpo Electoral, la candidatura única a la Presidencia se carga del elitismo de los acuerdos de cúpula o los Congresos en que la militancia adquiere excesiva gravitación.
Se dirá que las legítimas contiendas intrapartidarias no se inventan ni debe forzarlas la normativa aplicable. No hay dudas sobre eso, pero nadie podrá sostener que faltan esas contiendas en el Encuentro Progresista y en el Partido Colorado, ni que los candidatos únicos "cantados" de esos sectores se encuentran por encima de ellas. Bajo modalidades diversas, el Frente y los colorados han optado por no llevarlas a las urnas, en junio, por no realizar genuinas elecciones internas, con lo cual frustran el itinerario fijado por la Constitución y afectan aspectos primordiales de la institucionalidad electoral. El Partido Nacional, en cambio, canaliza según ese itinerario una profunda renovación de orientaciones y liderazgos, abre a los sufragantes las distintas propuestas y busca en el respaldo del ciudadano común la investidura de su candidato único.
Los uruguayos que el 27 de junio resuelvan intervenir en las elecciones internas del nacionalismo sabrán precisamente y sin mayores especulaciones sobre qué se expresarán, cuál será la significación de su voto y cómo influirá éste en el resto del ciclo electoral. Los doctores Larrañaga y Lacalle, así como todos los que participamos de una intensa campaña previa, solicitan sus sufragios mediante la exposición de sus bases programáticas, sus trayectorias y los entendimientos políticos que sustentan sus precandidaturas. Vida partidaria democrática, transparente, desplegada en torno del veredicto de las urnas. Colorados y frentistas, por el contrario, se ven constreñidos a estimular a sus adherentes a votar sin decidir, al margen de las divergencias que al no ventilarse en los comicios continuarán alimentando tensiones y recelos. Deben argumentar que si no concurren a sufragar en las internas (las que sus dirigentes han desvirtuado) esos adherentes favorecerán a los blancos... porque los caudales de votantes de junio tienden a anticipar la distribución de las preferencias en octubre y noviembre. Un encierro en que se metieron solos, por no remitir los conflictos que toda colectividad experimenta a la masa ciudadana que en lógica democrática dispone siempre de la última palabra. El Partido Nacional, entre tanto, se encamina tranquilo, siguiendo el cauce institucional, plural y discutidor como siempre, unido hacia unas elecciones que lo unificarán más aun y fortalecerán como alternativa de esperanza para los comicios de octubre y noviembre.