La descentralización trucha

EL fracaso en las elecciones de los concejos vecinales es uno de los tantos que han caracterizado la gestión municipal. Una nueva demostración de que el proceso de descentralización, al cabo de catorce años, es mucho más un fiasco que un esbozo de realidad. Se quiso objetivarlo inicialmente, en la creación de los dieciocho centros comunales zonales. Debían ser los pilares de la desconcentración de funciones y de la rápida atención a los problemas del vecindario. No fue así: en el dilatado tiempo que han venido funcionando, lo que predominó fue el reparto burocrático de acuerdo al más estricto clientelismo político.

Son cargos muy bien retribuidos, lo que lejos de ser un paso trascendente en materia de desconcentración, ha sido una nueva confirmación de que en la Intendencia frentista, salvo excepciones, la función es para el funcionario, y luego, si hay lugar, para la colectividad.

DE ahí que en el correr de cinco años, el quinquenio 1997 a 2001, los gastos de esta experiencia frentista insumieran más de 94 millones de dólares, que se distribuyeron así: 89%, retribuciones personales, 8,50% gastos de funcionamiento y solo el 2,60% para inversiones. Así constó en el informe presentado por el edil Abi Saab, representante del Partido Nacional en la Comisión de Hacienda de la Junta Departamental, para requerir que las exigencias de la Rendición de Cuentas se cubrieran con las economías y no con nuevos gravámenes

Todo ese oneroso armazón burocrático, cuyo cometido era descentralizar, terminó siendo, en las líneas generales de su gestión, sólo un escalón más en el trámite burocrático. Muchas veces también, centros de proselitismo político, que fue en definitiva uno de los objetivos propuestos, como lo anticipó la oposición, cuando se debatió el tema de su creación. Alcanza, por otra parte, con leer las reiteradas quejas de los vecinos en la sección que recoge las cartas a los lectores, para constatar que la regla general, al cabo de los catorce años, es la ineficacia, inclusive para los problemas más sencillos que debían resolverse en cosa de horas, o de pocos días, y que sin embargo se arrastran en vano a través del tiempo. La cercanía electoral seguramente dinamizará en algo esa maquinaria, que se volverá a aquietar, una vez que las urnas se hayan pronunciado.

OTRO jalón de esa descentralización más bien trucha, es la creación de los concejos vecinales. Fallido esfuerzo por dotar de cierta presencia popular el costoso emprendimiento burocrático y proselitista que hasta ahora han sido los dieciocho centros comunales zonales. A juzgar por la costosa promoción de la convocatoria y la escasísima respuesta del vecindario convocado, así lo ha comprendido la gente, entre ella sus propios correligionarios.

Bien vale la pena repetir las cifras que han acompañado esta experiencia desde que se implantó: en 1995, cuando por primera vez empezó a funcionar el sistema, concurrieron 82.496 votantes. Cantidad casi ridícula para el potencial de electores, pero que podía tener como explicación la circunstancia de que se trataba de una experiencia nueva, poco conocida, a pesar del esfuerzo de divulgación y convocatoria.

EN 1998, la cifra llegó a los 106.909, que con ser un porcentaje de sólo un 10%, en un año de pleno clima electoral, fue en la historia de estos concejos, la que habría de ser la más alta de todas. No faltaron las voces entusiastas, que señalaron allí una tendencia, que se iría acentuando en el futuro. Solo tres años después, la cifra descendió a 100.552 votantes, indicando que lo que crecía era el desinterés, y no la adhesión de la gente.

Los resultados de las elecciones que terminaron de registrarse el pasado domingo, a pesar de los siete millones de pesos gastados en la convocatoria a los vecinos, señalan, con toda elocuencia, a qué extremos ha llegado ese desinterés. Sólo votaron 76.643, cifra que no alcanza al 8% de los montevideanos en condiciones de votar. Es una cantidad apreciablemente inferior a la escuálida de la votación de 1995, un 30% menor a la de 1998 y apreciablemente menor también a la del 2001.

LA falta de garantías de la votación, ya que todo se desenvuelve en el propio ámbito de la Intendencia sin la presencia de la Corte Electoral, la falta de atribuciones de los concejos, la falta de atención a sus solicitudes, y el proselitismo político que asoma en muchos de ellos, han evidenciado que tal como funcionan, es bastante menos el servicio que prestan que el tiempo que se le dispensa.

Sectores del Frente Amplio de la Intendencia, han invocado la presencia de estos concejos vecinales para no dar cumplimiento al compromiso asumido por la Comuna frentista con el Partido Nacional de crear la institución del Defensor del Vecino. Parece una tomadura de pelo que se le diera seriedad a ese razonamiento. Como bien lo señala el Dr. Maute Saravia: "No es serio comparar la ineficacia y obsecuencia de los concejos vecinales que con mayorías frentistas abdican intereses de vecinos a favor de la Intendencia, con la eficiencia y transparencia, comprobadas en el mundo entero, del Defensor del Pueblo, para representar y salvaguardar los intereses y derechos de los contribuyentes y vecinos del Departamento".

Una descentralización que no lo es, y todavía un mal pretexto para no cumplir la palabra empeñada es otro perfil de una muy pobre gestión.

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