Es liviana y veloz, tiene cierta gracia, y se la olvida al rato de verla. No es demasiado, pero resulta sin duda más de lo que suele esperarse de una serie de televisión llevada al cine, procedimiento que Hollywood perpetrara antes con Los Beverly Ricos, Los Picapiedras, Jim West, Los ángeles de Charlie o S.W.A.T.
Una ventaja inicial radicaba en la serie misma, aquella creación de William Blinn de los años setenta a propósito de dos heterodoxos policías (David Soul, Paul Michael Glaser) siempre en pugna con sus superiores, que se las arreglaba para tener bastante acción, una dosis de simpatía y una cuota de humor. La serie no inventaba la pólvora pero alcanzaba para proporcionar un entretenimiento llevadero, y eso es, ni más ni menos, lo que consigue su variante cinematográfica.
El guión cumple puntualmente con la fórmula de la "buddy movie" ("película de compañeros"), y su costado policial podría ser el de cualquier episodio de la serie original. Arranca con el primer encuentro entre sus protagonistas y el subsiguiente choque: Starsky (Ben Stiller) es el obseso de los reglamentos, cuida como a la niña de sus ojos el auto que conduce, y mantiene la anticuada idea de que la función de la policía es arrestar a los culpables; Hutchinson, para los amigos Hutch (Owen Wilson) hace caso omiso de los manuales, está dispuesto a violar la ley por una buena causa y persigue mujeres en el horario de trabajo. Tardarán en darse cuenta que están hechos el uno para el otro.
En el medio asoma Vince Vaughn, que es malo sin vueltas, ha inventado una variante de la cocaína que desconcierta a los perros saqueadores, y perpetra algunos asesinatos como paso previo a una venta de droga en gran escala. Sin muchas ganas, nuestros héroes se verán lanzados tras su pista y provocarán varios desastres intermedios antes de que casi todo se arregle.
PASARRATO. Ya es algo que pueda decirse de una película de entretenimiento que es intranscendente pero que no resulta estúpida. La principal carta con la que el film cuenta es sin duda su par de intérpretes principales, Stiller y Wilson, cuya adecuada química sostiene en buena medida la liviana estructura del film. Lejos de la inteligencia transgresora de Zoolander (un film mucho más personal) pero también de los patéticos descensos al humor gástrico de la reciente Mi novia Polly, este nuevo vehículo de Stiller lo presenta en buena forma, le permite jugar un adecuado contrapunto con su acompañante Wilson y logra que el mecanismo no se detenga casi nunca. Por supuesto, los autos corren o chocan, las cosas se rompen y el jefe de policía (Fred Williamson, en el papel que antes hacía Bernie Hamilton) se enfurece con sus indisciplinados subordinados. El director Phillips exhibe un pulso para la acción y algún sentido de la comicidad, el diálogo tiene a veces su gracia y el elenco secundario es competente. Nadie se la va a llevar a una isla desierta entre las diez mejores películas de la historia, peor como pasatiempo funciona. Se puede esperar hasta que la den en cable, pero ahí se va a perder el formato de pantalla ancha que sigue siendo uno de los encantos irremediables del cine.
Critica | Guillermo Zapiola
STARSKY & HUTCH
Director. Todd Phillips.
Libreto. John O’Brien, Todd Phillips y
Scot Amstong, sobre historia de
Stevie Long y John O’Brien, basada en
personajes creados por William Blinn.
Fotografía. Barry Peterson.
Música. Theodore Shapiro.
Productores. William Blinn, Stuat Confield,
Akiva Goldsman, Tony Ludwig, Alan Riche.
Elenco. Ben Stiller, Owen Wilson, Snoop
Dogg, Fed Williamson, Vincent Vaughn,
Juliette Lewis, Jason Bateman.
Estados Unidos 2004.