Un caso aparte

El boliche de la esquina de Mitre y Rincón escapa a toda la novelería de estos días: fue fundado entre las décadas del diez o del veinte, lo que lo hace el decano de la zona, amén de su historia como punto de la elegancia y el buen tono de aquellos años. Su vinculación con el turf no está sólo en el nombre: era el sitio predilecto de los burreros de clase, con unas instalaciones que llegaban hasta Policía Vieja y donde por la calle Rincón había un suntuoso salón para el cognac y los puros después de los manjares.

Desde los años sesenta lo regentea la familia Camesella, con Roberto a la cabeza, que aplaude lo que está pasando con la arteria sur-norte.

"No creo que en Montevideo se haya dado nunca un fenómeno como éste de la calle Bartolomé Mitre. Ha sido una forma, de paso, de hacer conocer la Ciudad Vieja. Antes había un tabú: no venir porque era peligroso, pero ahora viene cada vez más gente: los boliches nocturnos atraen marejadas de gente, cosa que nunca pasó con Bacacay.

Yo creo que Mitre ha sido una calle de privilegio. Ha tenido suerte que la emprolijaran, sobre todo a la altura de Cerrito y 25, Cerrito, Piedras, se arregló la Casa de Oribe, hoy sede del Patrimonio, y para el otro lado, frente al Solís, están arreglando lo que era un baldío, y en todos los casos se ha reforzado la iluminación".

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