JORGE SAVIA
Primera reflexión sobre el 0 a 0 de Nacional ante Bella Vista en la pasada jornada: cuando un arquero termina siendo uno de los mejores jugadores de la cancha, como ocurrió con Góngora en el Nasazzi, el equipo rival no puede haber sido un desastre.
Segunda reflexión sobre el segundo empate que los tricolores resignan en una semana frente a otro rival de poca monta como antes lo había sido Plaza: Bella Vista le creó más problemas a Peñarol que a Nacional, a pesar de que con los aurinegros cayó derrotado y al cuadro de Ostolaza al menos logró empatarle.
Conclusión primaria: por más que Nacional jugó bastante mejor que Peñarol ante un mismo adversario, que esta vez mechó algunos futbolistas de más experiencia pero igualmente sigue apostando con una integración en su mayoría juvenil a un futuro de largo plazo, no es fácil para el equipo del "Vasco" salir adelante, habida cuenta la realidad que vive actualmente, tanto adentro como afuera de la cancha.
Con el presidente de viaje obligado por Europa, no de paseo, sino tratando de conseguir recursos que son vitales como el agua; con el vicepresidente en la tribuna, pero de licencia, sin ejercer el cargo; con jugadores como Peralta jugando en la tercera división; y con figuras simbólicas como Sosa en su casa; de esa manera, Nacional parece presa de una disociación que termina explicando ese mini-grito de "¡ganó Danubio!" que lanzó Víctor Della Valle en el palco, en una clara muestra de que hoy por hoy los tricolores no pueden tener otro objetivo de que el de que su tradicional adversario no gane el primer campeonato del año.
Es cierto, salvo los primeros 10’ de cada tiempo, en los que Bella Vista llegó con inspiración y propuso un trámite de arco a arco, Nacional ayer pudo haberse ido ganando. En la primera etapa porque el permanente desborde del "Chori" Castro por la izquierda, los desenganches de Valdez por la derecha, el manejo de Coelho abriendo calles por el medio de la cancha y los triunfos parciales que logró Luis Romero en el juego de alto, lo dejaron muy cerca de esa posibilidad; y en el complemento porque, a pesar de que Castro bajó su nivel, la experiencia de Méndez para el armado y la pujanza de Guerrero para reabrir el frente del ataque, hicieron otro tanto. Pero faltó puntería. Y también "liga", porque hubo una pelota en un caño y Coelho, que era el conductor, salió lesionado. Y eso, para un equipo disociado, sin más meta que la de que el rival tradicional no gane el campeonato, es mucho. Demasiado.