JOSE MASTANDREA
Estaba rodeado de micrófonos, grabadores y lapiceras. Su sola presencia en el vestuario de Wanderers ameritó un despliegue poco común de los medios. Es que Walter Devoto, presidente de los bohemios, acaparó la atención. El mal arbitraje de Olivier Viera, había dejado su huella en el corazón de los wanderistas.
—¿Vino a hablar con Jorge Barrios o con los jugadores?
—Con todos. Vine a darles tranquilidad. Esta derrota no tiene nombre...
—¿Dolió perder o dolió la forma en que se perdió?
—Las dos cosas pero jamás imaginamos perder por decisiones arbitrales. Eso es lo que más molesta, lo que más duele. No puede ser que este señor (por Olivier Viera) en quince minutos tire abajo el trabajo de un mes, de una semana.... de todo el año. Eso es lo que no se puede permitir.
—¿Qué se le critica?
—Y... todo.... el que vio el partido sabe muy bien. Hasta ahora nadie entiende por qué le sacó la segunda tarjeta amarilla a Fernando Cañarte. Nadie supo decirme qué había pasado. Ni los jugadores, ni el técnico. Y bueno, esa jugada fue clave. Fue determinante. Fue decisiva. A los quince minutos nos quedamos con un hombre menos. Pero no fue el único error...
—Usted anotó más.
—Sí, claro. Muchos más. ¿La verdad? Nos destrozó durante todo el partido. Fue terrible. Fue una tras otra, no nos dejó ni jugar.
—Sin embargo el equipo no anduvo mal.
—Es cierto. Para mí Wanderers jugó el mejor partido del año. Fue brillante. No hay nada que reprochar. Nada que decir. Los muchachos dejaron todo en la cancha. Jugaron con diez casi todo el partido y la verdad es que esa diferencia no se notó.
—De todas formas, Wanderers está bastante complicado en la tabla de posiciones.
—Es que no ligamos. Tuvimos muchos lesionados, hubo una seguidilla importante de partidos y el Chifle (Jorge Barrios) no pudo armar el cuadro dos partidos seguidos. Pero si jugamos como jugamos contra Peñarol no vamos a tener problemas en escalar posiciones. Estoy seguro que vamos a salir adelante.
—Pese a Olivier Viera...
—Sí.... claro. Pero algo ya está decidido. Lo hablamos con los compañeros de directiva y no podemos dejar pasar por alto estas cosas. El arbitraje nos perjudicó. Incidió en el resultado del partido y como presidente del club tengo que velar por los intereses deportivos y económicos de Wanderers: lo vamos a declarar persona no grata. Este señor no nos puede hacer más de juez.
Afuera, la noche ya le había ganado la pulseada al día. Unos veinte hinchas wanderistas se empeñaban en gritar e insultar contra todo lo que no estuviera embanderado con los colores blanco y negro. Pero claro, el nombre más coreado era el del árbitro del partido.